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2013
custodia.org

Retiro dominical en el Santo Sepulcro

«La Cuaresma es un tiempo de conversión y convertirse quiere decir dirigirse a Cristo y a su Evangelio a través de las prácticas cuaresmales del ayuno, la limosna y la oración», ha recordado el padre Artemio Vítores, vicario custodial. Entre las «prácticas cuaresmales», fray Artemio menciona también, para los franciscanos de Jerusalén, la participación en los oficios y celebraciones en el Santo Sepulcro, así como en las peregrinaciones de la Cuaresma.

Pero, ¡no hay que pensar que las celebraciones en el Santo Sepulcro sean tan fatigosas como para que sean una «penitencia cuaresmal»! El ritmo de estas celebraciones es exigente, sí, pero es necesario pensar en el hecho de que las liturgias de Cuaresma en el Santo Sepulcro están concebidas, en la pedagogía de la liturgia, como etapas progresivas para una mayor comunión con el misterio pascual.

Los domingos del tiempo de Cuaresma son especialmente representativos. El mismo patriarca es invitado por los franciscanos a hacer un retiro en el Santo Sepulcro. Los franciscanos, custodios de los Lugares, van a recogerle al Patriarcado para invitarle a asistir a una misa, que él no preside y en la que no predica.

Este domingo 17 de febrero ha sido fray Firas Hiyazin, párroco de la parroquia de San Salvador, quien ha predicado la homilía del primer domingo de retiro cuaresmal. Es allí, donde estamos, en el mundo tal y como es, con sus tentaciones, donde debemos, a ejemplo de Cristo, hacer el generoso don de nuestras personas al Señor. Estas son, en resumen, sus palabras.

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La homilía se ha pronunciado en árabe, así como el Evangelio, poco antes, se ha proclamado cantado en árabe por el diácono fray Sandro Tomašević.
Sus compañeros seminaristas han escuchado estas palabras que, en su mayor parte, no comprendían, pero ha sido un gesto de ánimo. La curiosidad de los seminaristas del patriarcado ha sido más fina. También el patriarca ha mostrado una atención particular a la voz de este diácono.
De hecho, fray Sandro es croata. Fue enviado a Jerusalén por su provincia franciscana para terminar el seminario. Llegado en septiembre de 2010, fray Sandro no ha tardado en aprender los rudimentos de la lengua árabe con los jóvenes de la parroquia. «En mi país he formado parte de la juventud franciscana. Cuando llegué aquí (tenía 26 años), quise encontrarme con los jóvenes de la Acción Católica, encontrarme con ellos en su cultura».
Y nos quedamos cortos al decir que fray Sandro tiene un don para las lenguas. Además del croata, su lengua materna, habla con fluidez el italiano y el inglés; tiene una buena base de español y alemán y está aprendiendo el árabe dialectal desde hace solo dos años, pero intenta practicarlo lo máximo posible con los jóvenes de la parroquia, que están todos encantados con su sonrisa, su buen humor, su ardor pastoral y con las notas de su guitarra.

Este domingo es la tercera vez que fray Sandro ha proclamado el Evangelio leyéndolo en árabe. A lo mejor estaba un poco tenso cuando llegó. «He tenido que repetirlo durante 5 o 6 días». Y cuando fue a sentarse para escuchar la homilía, estaba aún concentrado en sus labores de diácono. Pero la sonrisa de sus hermanos del seminario y de los fieles árabes presentes ha premiado su audacia.

Para fray Sandro la alegría es doble: la de ser diácono y poder proclamar el Evangelio por primera vez en el Santo Sepulcro y poderlo hacer en la cultura local, aquí donde Dios le ha llamado.
La velocidad con que fray Sandro ha aprendido el árabe, sin pertenecer a la provincia de la Custodia, merece destacarse; pero los frailes de la Custodia están acostumbrados a ello. De hecho, numerosos frailes españoles e italianos conocen el árabe y, algunos de ellos, también el hebreo. Por ejemplo, fray Atanasio, texano, estuvo en una parroquia de Siria.

Si durante algunos años los esfuerzos por aprender las lenguas locales disminuyeron, el actual custodio de Tierra Santa instituyó el año lingüístico. Todos los jóvenes de la Custodia deben consagrar un año de su proceso de formación para aprender una de las lenguas de la Custodia: árabe, hebreo o griego, preferentemente, pero también es posible aprender o perfeccionar otra lengua.

Así, los frailes de la Custodia se preparan para servir al mayor número de personas en sus respectivas lenguas.

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