2017
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Fiesta en Tel Aviv-Jaffa para la comunidad latinoamericana y filipina

Es un momento de intercambio que reúne cada año a las dos comunidades latinoamericanas de Tel Aviv-Jaffa y Ramla. Las dos comunidades siguen el ritmo del Estado de Israel y trabajan, por tanto, de domingo a viernes. Solo descansan el sábado y se reúnen para celebrar la Santa Misa en las respectivas localidades. Entre las dos hay dieciséis kilómetros de distancia, pero eso no impide que haya momentos de intercambio fraterno y de actividades religiosas y recreativas. La mayor de estas celebraciones es la de la Virgen de Guadalupe, patrona de todo el continente americano y de las Islas Filipinas, que se celebró el 16 de diciembre. Por primera vez en Tierra Santa la celebración implicó también a las demás comunidades presentes en Jaffa y de manera especial a la filipina.

«Con gran alegría, todos los fieles de nuestra capellanía latinoamericana han dado lo mejor de sí mismos para preparar la fiesta – cuenta fray Agustín G. Pelayo Fregoso, superior del convento de San Antonio en Jaffa -. Algunos están aquí desde hace más de veinte años, pero dicen que este año ha sido una de las fiestas más bonitas jamás celebradas».

La misa por la Virgen de Guadalupe en esta ocasión no fue en la iglesia de San Pedro porque se esperaba una gran participación de fieles.
«Preparar esta fiesta nos ha llevado poco tiempo – afirma fray Agustín -: la Virgen sabe cómo llegar al corazón de todos sus hijos, nosotros compartimos una lengua y una historia común y estamos abiertos a acogernos a pesar de que nuestra procedencia no sea la misma. Somos de muchos países pero todos somos cristianos y latinos, y estas dos características nos permiten superar muchas dificultades». Para la importante celebración se invitó al administrador apostólico del Patriarcado Latino de Jerusalén, Mons. Pierbattista Pizzaballa, que presidió la Santa Misa en español. El nuevo nuncio apostólico en Israel asistió a la celebración, junto a sacerdotes y representantes de las diferentes embajadas de Latinoamérica y Filipinas. La iglesia estaba adornada para la fiesta, con gran cantidad de rosas, para perpetuar en la mente de los fieles el milagro de las flores aparecidas en el manto del indio Juan Diego, al que se apareció la Virgen en 1531.

Para la ocasión se escenificó una representación del cerro Tepeyac, al norte de la ciudad de México, en el cual se apareció la Virgen a Juan Diego.
En la celebración religiosa se utilizaron las lenguas que se hablan en Sudamérica, además del tagalo, mientras que la homilía, pronunciada por fray Agustín, fue en español e inglés, así como los cantos durante la Eucaristía.
Terminada la misa se realizó una pequeña procesión hasta el teatro de la parroquia de San Antonio donde, tras la bendición con la imagen de la Virgen de Guadalupe, se dio paso a la “Fiesta Latina”. Cada miembro de las capellanías se había organizado con sus compatriotas para preparar varios tipos de comida que representaran su nación y cultura. «No era importante si éramos pocos de un país o muchos más de otro: todos estábamos de fiesta – sostiene el superior de la iglesia de Jaffa -. Nuestras familias son mixtas, muchos de nuestros fieles están casados con judíos y también ellos se han sentido verdaderamente acogidos por nuestra comunidad. Les hemos felicitado por la fiesta de Hanukah».
Las comunidades quisieron lanzar al aire un bonito rosario de globos, simbolizando así el deseo de paz para la Tierra Santa. Después comenzaron las representaciones culturales y los bailes típicos de los distintos países, dando así un toque festivo y un gran espíritu de unidad, a pesar de la diversidad de comunidades de sangre latina en Israel.

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