2017
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“Bienvenido al corazón de la Tierra Santa” Ingreso solemne del nuncio apostólico en el Santo Sepulcro

Monseñor Leopoldo Girelli entraba el 14 de diciembre en procesión en la basílica de la Resurrección, donde era recibido por las autoridades religiosas de la Ciudad Santa. Los líderes de las iglesias de toda la Tierra Santa se reunieron en Jerusalén para asistir al ingreso solemne en el Santo Sepulcro del nuevo nuncio apostólico en Israel y Chipre, y delegado apostólico para Jerusalén y Palestina.

El acto solemne tenía especial importancia debido a lo que la basílica representa para la cristiandad y por las normas singulares que la rigen. El lugar en el que el mismo Jesucristo resucitó está gestionado de acuerdo al Status Quo que establece la forma de las celebraciones donde la propiedad es común a varias confesiones. Por tanto, debían estar presentes las tres principales comunidades propietarias del Santo Sepulcro, greco-ortodoxa, latina (representada por los franciscanos) y armenia, que acompañaron al nuncio apostólico desde la salida de la comitiva de la puerta de Jafa. La puerta de Jafa es por donde tienen lugar siempre los ingresos oficiales de los diplomáticos en la ciudad vieja de Jerusalén y así fue también para el representante pontificio.

DESDE LA PUERTA DE JAFA. Desde allí, por tanto, partió Mons. Leopoldo Girelli acompañado por el vicario de la Custodia fray Dobromir Jasztal, representante de los frailes franciscanos (que están legítimamente incluidos en el Status Quo), por un representante de la iglesia greco-ortodoxa y otro de la iglesia armenia. En presencia también del presidente de la Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa, el arzobispo melquita de Acre, Georges Bacouni, abriéndose paso entre la multitud de fieles, el nuevo nuncio apostólico llegó a la puerta del Santo Sepulcro donde le esperaba el administrador apostólico del Patriarcado Latino, Mons. Pierbattista Pizzaballa.

BIENVENIDA DEL CUSTODIO.
Delante de la piedra de la Unción el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton saludó a Mons. Girelli: «Bienvenido al corazón de la Tierra Santa, bienvenido a Jerusalén, Ciudad Santa amada por todos los hijos de Abraham, judíos, cristianos y musulmanes; bienvenido al lugar más sagrado para nuestra fe cristiana, que es esta basílica que alberga el Calvario y el Santo Sepulcro». «Esta es una tierra donde las tensiones pueden desencadenarse repentinamente, como una tormenta de verano – decía fray Patton – y donde las palabras individuales tienen un peso y una resonancia que requieren el don de la sabiduría y de la prudencia que invocaremos en pocos días en la antífona “O” del 17 de diciembre. Es este mismo don de sabiduría y prudencia el que pedimos para usted en su servicio diplomático en esta tierra, en los países que están bajo su mandato y en esta ciudad». Fray Patton habló de la importancia del Santo Sepulcro como lugar de la memoria del encuentro del Señor resucitado con su Madre y de su encuentro con la Magdalena. «La primera, la Madre, es la imagen de la Iglesia que conserva la fe en el resucitado. La segunda, la Magdalena, es la imagen de la Iglesia llamada a llevar el anuncio gozoso y sorprendente de que Jesús ha resucitado y siempre nos precede».

SALUDO DE PIZZABALLA. A continuación, frente al Edículo, tomó la palabra Mons. Pizzaballa recordando porqué es una hermosa tradición que el comienzo de cualquier oficio cristiano importante en Jerusalén sea marcado por un ingreso oficial en el Santo Sepulcro: «Como los apóstoles, al comenzar cada nueva actividad, también nosotros venimos aquí. Venimos y empezamos desde aquí, en primer lugar, para dejar claro ante nosotros mismos quiénes somos. Somos discípulos del Señor y no señores». El Santo Sepulcro, según el administrador apostólico del Patriarcado Latino, también es lugar de oración para confiar a Dios su misión. «Tenemos mucho que aportar, sobre todo en estos días, cuando la violencia y la incomprensión parecen prevalecer de nuevo – afirmaba Pizzaballa refiriéndose a los últimos acontecimientos políticos -, donde comunidades y poblaciones aparentemente se niegan a reconocer los derechos de los demás y donde la santidad de los lugares de la Escritura se convierte en motivo de división y no de oración para todos los pueblos». Mons. Pizzaballa aseguraba oración y cercanía al nuevo nuncio, deseándole «sabiduría, humildad, libertad y fuerza».

UNA MISIÓN DE PAZ. Mons. Leopoldo Girelli trajo la bendición del papa Francisco y agradeció a todos los que le habían recibido. «Vengo a compartir con vosotros este profundo deseo de paz para la Tierra Santa», dijo. Recordó la oración de san Francisco de Asís, “Señor, hazme instrumento de tu paz” y, hablando de la Navidad ya cercana, afirmó: «El nacimiento de Jesús es el nacimiento de la paz. Que la paz llegue a Jerusalén y al mundo entero». También dedicó un pensamiento a los musulmanes y a los judíos de Tierra Santa, llamándolos “hermanos”.
A continuación, entregó una carta de recomendación del papa Francisco al arzobispo melquita de Acre Georges Bacouni, como presidente de la Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa. Después, Mons. Girelli se detuvo en el Patriarcado Latino de Jerusalén para un breve refrigerio, y allí recibió las felicitaciones de todos los religiosos, hermanas y fieles reunidos para el evento. Comentando la jornada, el nuncio afirmaba: «He vivido el momento del ingreso en el Santo Sepulcro con mucha intensidad. Mi misión es crear comunión eclesial en nombre de la Virgen María Madre de la Iglesia y, al mismo tiempo, convertirme en anunciador del Evangelio y de la Resurrección».


Beatrice Guarrera

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