2017
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La Custodia de Tierra Santa hoy: fray Carlos, de Filipinas a Tel Aviv

Han pasado 800 años desde la llegada de los frailes a Oriente Medio y desde los inicios de esta aventura han cambiado muchas cosas. Sin embargo, no han cambiado el compromiso y la dedicación con los que, desde hace 800 años, los frailes custodian los santos lugares y trabajan a favor de la población local. Por eso, para entender lo que es la Custodia de Tierra Santa actualmente, hay que partir de ellos y de sus historias: vienen de todo el mundo, de países muy diferentes y cada uno de ellos tiene una misión específica

Fray Carlos Santos, 62 años, es originario de Filipinas y en Tel Aviv desde 2013 también trabaja para la comunidad de su país de origen. Guardián del convento de la iglesia de San Pedro Apóstol, es responsable de la pastoral para los emigrantes.

¿Cómo decidiste convertirte en fraile?
Tuve vocación muy pronto, a los 8 años. Cuando todavía iba al colegio ya sentía que quería ser sacerdote. Al terminar la escuela quise ir al seminario pero, por problemas económicos, tuve que quedarme en mi casa. Trabajé 10 años en mi país para una empresa japonesa. En esa época tenía novia y la intención de casarme, pero mi vocación aún estaba presente. Tenía 29 años. Les dije a mis padres que iba a casarme, pero que Dios me estaba llamando. Entonces, me plantearon que el camino más lógico sería probar antes a ser sacerdote y me di cuenta de que eso era lo correcto.

¿Cómo conociste la Custodia de Tierra Santa y por qué formas parte de ella?
Comprendí que Dios quería que me hiciera franciscano en Tierra Santa cuando escuché hablar de un conocido que era cura y que enseñaba en Tierra Santa. Me enteré gracias a una amiga de mi madre. Al mismo tiempo, también un seminarista franciscano me dirigió al seminario franciscano. Así, me puse en contacto con el animador vocacional en Filipinas y ese fue el comienzo de mi viaje.
Ya tenía 29 años y no podía volver atrás. En Filipinas los estudios del seminario empiezan después de la secundaria o durante la secundaria, es decir, a los 17 años. Pero yo era mucho mayor y por eso pensaba que no me aceptarían. Les dije a todos que si era aceptado, a pesar de mi edad, eso sería una señal. Así fue, porque en el seminario de Manila me acogieron.
Una vez sacerdote, tuve experiencia como párroco en dos parroquias, como director de seminario y más tarde, en 2009, volví a Roma como párroco.
Pero siempre quise venir a Tierra Santa y, así, un día conocí al Custodio en aquel momento, el padre Pierbattista Pizzaballa. Me dijo que necesitaba filipinos para ocuparse de los emigrantes, sobre todo en Tel Aviv y Jaffa. De esta forma, llegué a Jaffa en 2013.

¿Cuál es tu misión en Tierra Santa?
Mi misión es ocuparme de los santuarios y de los peregrinos, especialmente en la iglesia de San Pedro en Jaffa. Aquí se recuerda el lugar de la visión de San Pedro en la Biblia (Hch, 9). Mi principal misión aquí es también encargarme de los emigrantes, ya que a Tel Aviv llegan muchos desde Filipinas.
Tenemos tres centros: la parroquia de San Antonio, la iglesia de San Pedro y un centro en Takanamerkasir. Hay aproximadamente 3000 emigrantes entre los cristianos practicantes filipinos, pero la mayoría forma parte de la “Divine Mercy Community” (Comunidad de la Divina Misericordia), la comunidad filipina con 1500 emigrantes que van a misa los jueves (2 misas), sábados (4 misas) y domingos (7 misas). En la iglesia de San Antonio tenemos 700 filipinos pero, debido a las dificultades para desplazarse (no hay transporte público el sábado, por ejemplo), van al centro del Takanamerkasir. Yo les ayudo sobre todo celebrando los sacramentos. En nuestra comunidad hay curas procedentes de diferentes partes del mundo que se ocupan de los emigrantes. Uno, por ejemplo, se ocupa de los indios y los armenios, otro es ucraniano y se responsabiliza de los melquitas, otro de los cristianos polacos, uno de los eritreos y además hay uno americano que se encarga de los peregrinos.

¿Qué es lo que impulsa diariamente tu misión y tu vida espiritual?
Nuestra vida es oración. Eso es lo que me anima y me empuja a cumplir mi misión, especialmente la Eucaristía y la liturgia de las horas.

¿Cuáles son las mayores riquezas y los mayores obstáculos en tu vida como fraile?
Una de mis dificultades es que aquí el compromiso es muy limitado, solo el domingo.
En Filipinas, un país muy católico, había 10.000 personas que iban a misa en mi parroquia, donde se celebraban 16 misas cada domingo, teníamos encuentros cada día con las distintas organizaciones por las tardes, también nos ocupábamos de los enfermos, de los funerales. Había muchísimo trabajo, la gente nos llamaba. Pero aquí, y también en Roma, no hay nada que hacer. Durante el fin de semana hay misas, pero no es nada comparado con las Filipinas. Esto me permite tener tiempo para reflexionar sobre mi trabajo, como cristiano y como fraile.

Una dificultad que también veo aquí es con los jóvenes. Viven en diferentes comunidades, es difícil para ellos. En el colegio, por ejemplo, aprenden la Torá y cuando van a la iglesia tienen dificultades entre lo que han aprendido en la escuela y lo que sienten en la iglesia. El problema también se debe al idioma. En el colegio hablan hebreo y por eso muchos se olvidan del filipino o el inglés. Su fe no se alimenta, no sigue creciendo.
Pero también hay partes del trabajo muy bonitas: nuestro consuelo es que los cristianos aquí reciben ayuda de los Santos Lugares. Cada mes visitan los Santos Lugares y así aprecian más la Biblia, porque pueden conocer los sitios.
Lo mejor para mí es percibir la fe de la gente. Ver a la gente feliz en la iglesia, que vive su vida de cristianos.

¿Cuál es tu relación con San Francisco?
Cuando empecé a acercarme a la iglesia, estaba en un movimiento carismático. Comencé a leer libros, algunos sobre San Francisco, y mientras los leía, me decía que era demasiado bueno para ser cierto. Es decir, que lo conocí gracias a los libros, precisamente cuando me preguntaba en qué orden debía entrar. Y ahora que soy franciscano, valoro cada vez más a San Francisco. Era realmente un hombre de Dios. Especialmente cuando llegué aquí, a Tierra Santa, fui más consciente de lo que había hecho.

¿Algún mensaje para los jóvenes en discernimiento?
Me gustaría decir a los jóvenes que escuchen el significado de las indicaciones de Dios y que las sigan, incluso si Dios les llama a la vida consagrada. No se arrepentirán. Creo que Dios tiene un proyecto para cada uno.

N.S. – B.G.

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