2017
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En los cementerios del Monte Sion para conmemorar los difuntos

Cada 2 de noviembre los frailes de la Custodia de Tierra Santa conmemoran a todos los difuntos con una procesión especial. También este año han respetado la tradición, empezando a celebrar la solemnidad con una misa en la iglesia de San Salvador en Jerusalén. La iglesia estaba repleta de jerosolimitanos, de religiosos y religiosas de las comunidades vecinas y de niños de la Terra Santa School.
Presidió la liturgia en árabe fray Nerwan, párroco de San Salvador, que también pronunció la homilía. «Muchos se preguntan de quién hemos recibido el uso de la oración por los muertos», decía el párroco. Para ilustrarlo, utilizó varios ejemplos extraídos de la Biblia. El primero, el episodio de Lázaro, que llevaba muerto en el sepulcro cuatro días. Jesús primero rezó y después hizo el milagro de resucitarlo. También en los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 9, Jesús resucitó a una muchacha, pero solo después de haber rezado. «Por eso, es de Cristo y de la antigua iglesia de quién hemos tomado la tradición de orar por los muertos – explicaba fray Nerwan -. Tenemos la esperanza de que los que creen en Jesucristo tendrán la vida eterna. Por tanto, siguiendo el espíritu del Evangelio, nosotros estamos continuando lo que hacía Jesús».

Desde la iglesia de San Salvador, al finalizar la misa, los frailes de la Custodia de Tierra Santa partieron en procesión hacia el Monte Sion. Cerraba la comitiva el Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton y delante de él varios franciscanos procedentes de todo el mundo, como es típico en las fraternidades de la Custodia. Pasando por las calles de la ciudad vieja de Jerusalén, la oración, recitada y cantada a través del micrófono, en latín y en árabe, atraía la curiosidad de muchos: vendedores y turistas, ciudadanos musulmanes, judíos y cristianos de diferentes ritos.
«La procesión es un testimonio para musulmanes y judíos. Ellos nos preguntan siempre a dónde vamos y qué hacemos y es la oportunidad de explicarles que para nosotros, como también para ellos, es muy importante la oración por los muertos», explicaba fray Nerwan.
Las etapas de la procesión fueron pasando por los cementerios católicos del Monte Sion, para visitar a los difuntos con una oración y flores en las manos. En primer lugar, se rindió homenaje a los frailes difuntos de la Custodia, muertos en Tierra Santa. Después, se llegó al cementerio de todos los fieles y muchos parroquianos quisieron despedir a sus seres queridos con un Ave María o un recuerdo personal.

«Vengo aquí todas las semanas, pero hoy es un día especial», explicaba Huda, una cristiana de Jerusalén. Como ella, el señor Adib llevaba flores a sus difuntos enterrados en el cementerio católico. Los frailes de la Custodia de Tierra Santa bendijeron todas las lápidas, asperjando agua bendita. La procesión de frailes y fieles, casi disuelta, se reagrupó en torno a las tumbas, entre las que se encontraba la del conocido empresario alemán Oskar Schindler, que salvó a centenares de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
«Estamos en Tierra Santa, sobre el Monte Sion, muy famoso en la Sagrada Escritura – decía fray Nerwan -. Como habitantes de Jerusalén somos afortunados por poder enterrar aquí a nuestros muertos».

Beatrice Guarrera

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