2017
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En Jerusalén, el antiguo y amenazado patrimonio sirio vuelve a la vida

Desde el cielo fray Ignacio Peña, fray Romualdo Fernández y fray Pasquale Castellana, cogidos del brazo, miran hacia el convento de San Salvador de Jerusalén derramando lágrimas de alegría. Una parte incompleta de su trabajo está en fase de estudio; promesa de una nueva exposición.

Los tres franciscanos, dos españoles y un italiano, durante los años pasados en Siria al servicio de la Custodia, recorrieron el país para descubrir su antiguo patrimonio. Se especializaron en arqueología cristiana en la zona dominada por el Macizo Calcáreo. Los trabajos realizados se han recogido y publicado en cuatro Inventarios (1). Obras tan importantes que los tres religiosos, en 2009, fueron honrados con la medalla “Pro Ecclesia et Pontifice” (por la Iglesia y el Pontífice) por el papa Benedicto XVI, como reconocimiento «a los servicios prestados a la Iglesia y al papado».

Sin embargo, para disgusto de sus autores, los libros no disponen de espacio suficiente para publicar todo el patrimonio fotográfico recogido en los lugares inventariados. En los cajones permanecen olvidados miles de negativos, documentos, películas, diapositivas.
Fray Ignacio y fray Pasquale, ya fallecidos, el primero en 2010 y el segundo en 2012, no llegaron a conocer los acontecimientos que han sacudido Siria desde 2011.
Fray Romualdo, el benjamín de los tres, durante una estancia en Jerusalén a finales de 2012, solo tenía una preocupación: su salud empeoraba y ya entonces era el único capaz de interpretar las imágenes que la Custodia tenía que digitalizar.

Fue gracias a su solicitud que nació el departamento fotográfico de los archivos históricos de la Custodia, encargado a fray Sergey Loktionov. Fray Sergey, en 2013, contó con la colaboración de Rosella, una voluntaria, para reorganizar la gran cantidad de fotos, guardadas en diferentes sobres dispersos.

«Sin el trabajo de Rosella, no habría podido realizar el mío», afirma Emmanuelle Main, que ha recogido el testigo desde hace dos años. «Rosella sacó las fotos de los sobres, las colocó en hojas plastificadas (siguiendo las normas de conservación). Fue ella la que preparó la primera lista del inventario del patrimonio fotográfico. Realizó un trabajo considerable e ingrato, pero absolutamente necesario». Mientras se llevaba a cabo este trabajo, la salud del padre Romualdo, aún en Siria, no le permitía dejar el país para ir a restablecerse en la enfermería del convento de Jerusalén. Ni la situación política hacía posible enviarle ningún documento que habría podido ampliar. En 2015, cuando Emmanuelle inició su trabajo, se encontró huérfana de aquellos a los que aprendió a conocer a través de los negativos que digitalizaba.

Historiadora de formación, Emmanuelle ha tenido que aprender todo respecto a las técnicas de la digitalización. Pero este no ha sido su mayor reto. «Estaba trabajando para digitalizar las fotos y proporcionar información. Pero ¿sobre qué base? Las anotaciones de los frailes eran muy raras. Las grafías de los nombres árabes variaban de un autor a otro. ¿Quién podía certificar que todas las fotos halladas en el sobre, atribuidas a un lugar, procedían efectivamente de allí?»
Su excepcional memoria visual le permitía a veces clasificar automáticamente lo que estaba descubriendo. «A fuerza de mirar las fotos se entiende, por la vegetación o la geografía de un determinado lugar, que ese negativo no podía haber sido tomado allí».

Emmanuelle, desde el fondo del convento jerosolimitano, a unos 500 kilómetros de distancia en línea recta del Macizo Calcáreo sirio, hoy en manos de los rebeldes (atrapado entre el califato islámico al este y el ejército sirio al oeste), se convirtió en investigadora gracias a Google, hasta el punto de conocer la región como los mismos buenos padres franciscanos… o casi.

Tras los inicios, comenzados a ciegas, hay que escucharla actualmente hablar de Dar Qita, di Djeradeh, del jebel Zawiyé, hasta del bosquecillo en el corazón de Kefert Aqab (Jebel Wastani). Al escucharla, entran ganas de coger un jeep y «a la salida del pueblo, tomar la primera a la derecha», para ir con ella a contemplar la inscripción siria descubierta por fray Romualdo en Banabel, o descifrar con ella las primeras palabras en griego del Padre Nuestro, fotografiadas en Frikiya.

Durante estos dos años, Emmanuelle no solo se ha convertido en una experta visual de la arqueología siria del Macizo Calcáreo, no solo ha digitalizado aproximadamente 10.000 documentos fotográficos, sino que ha creado una base de datos de 282 páginas para 326 sitios.

Cada entrada presenta todos los gráficos de un lugar y describe el negativo, cuyo nombre de fichero, evidentemente, está codificado. Además, con la preciosa ayuda de Google Earth, Emmanuelle ha podido identificar cada sitio.

Junto a las fotos de la «Colección Peña» – que lleva el nombre de uno de los «Tres mosqueteros», como los llama cariñosamente Emmanuelle, que también ha realizado más fotos – Emmanuelle ha creado otro volumen con imágenes más recientes encontradas en Internet. Después de haber leído mucho, ha organizado toda la información obtenida indicando la fuente online. Así, por ejemplo, se aprende que el León de Chnan fue destruido en 1990, como atestigua un artículo del profesor Marc Griesheimer encontrado en la web.

Gracias a estos negativos, a su conservación y su documentación, se ha podido conservar la huella de un pasado antiguo y de una riqueza, con frecuencia de rara belleza, ya destruidos por el tiempo, por falta de mantenimiento y por los daños sufridos, en estos últimos años, por la devastación de la guerra y los saqueos.

Este trabajo, encargado por la Custodia, será presentado parcialmente el próximo 17 de octubre en Jerusalén, en el contexto de las celebraciones por los 800 años de presencia franciscana en Oriente Medio (2). La pregunta es: ¿qué se puede hacer para que este trabajo no haya sido en vano? Llegados a este punto, un trabajo tan valioso debería ser puesto a disposición de los investigadores. No se puede correr el riesgo de que esta información caiga en manos de los que quieren verlo destruido por motivos que van más allá de cualquier comprensión humana.

La Custodia tendrá que tomar decisiones y buscar financiación para conservar la memoria de estos hallazgos, honrando el trabajo competente y puntilloso de sus religiosos.

Marie-Armelle Beaulieu

1. Inventario del jebel Baricha, 1987; Inventario del jebel A’ala,1990; Inventario del jebel Wastani,1999; Inventario del jebel Dweili 2000.
2. Conferencia de Emmanuelle Main (en inglés) en el programa, el 17 de octubre a las 17:00 en la Sala de la Inmaculada del convento de San Salvador de Jerusalén.

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