2016
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Fiesta de san Francisco en la iglesia de San Salvador de Jerusalén

La Custodia de Tierra Santa ha celebrado a san Francisco. En la iglesia del convento de San Salvador las celebraciones por la fiesta del santo de Asís comenzaron con las Vísperas y el Tránsito, el 3 de octubre. A las 17.30 entraron los frailes en procesión, seguidos por el padre custodio, fray Francesco Patton, que presidió la oración. San Francisco, fundador de la Orden de los Hermanos Menores, murió precisamente el 3 de octubre de hace 720 años, tras haber dedicado su vida a imitar a Cristo. «Es un momento significativo para nuestra fraternidad custodial porque hacemos memoria de nuestro fundador –ha dicho fray Francesco durante la celebración de las Vísperas- y al mismo tiempo acompañamos a nuestros jóvenes hermanos que están todavía al inicio de su camino vocacional». Durante esta celebración, todos los años, los frailes que no han hecho todavía la profesión solemne renuevan los votos temporales.

El mismo día se celebra también el tránsito, del que el padre Custodio ha explicado su significado en la homilía. Viene del latín transire, que quiere decir ‘Atravesar, pasar a través’. «Cuando hablamos de la muerte como tránsito, estamos hablando de la muerte como de una experiencia pascual, un ‘pasar más allá, pasar a través de’. Así ocurrió con Jesús. Su muerte fue pasar más allá de la muerte, pasar atravesando la muerte. Y así fue también para san Francisco, que antes de morir llegó a decir al médico: “Bienvenida hermana muerte, para mí será la puerta hacia la vida”». La invitación que san Francisco nos hace es la de vivir como peregrinos y forasteros en este mundo, sabiendo que la meta verdadera es otra. La idea de estar de paso se une, además, con la idea de ser desnudados, como hizo él. Se quedó desnudo delante de su padre y de la comunidad de Asís al comienzo de su camino vocacional y quiso repetir el mismo gesto al término de su vida, cuando pidió ser desnudado y colocado sobre la tierra. Nos exhorta a vivir, por tanto, como peregrinos “sin apropiarnos de nada”, como está escrito en la Regla del Padre seráfico».

Durante la renovación de las promesas, algunos jóvenes frailes de la Custodia han pronunciado juntos la fórmula con la que hacen voto «de vivir durante un año en obediencia, sin nada propio y en castidad» y han prometido observar fielmente la vida y la Regla de los frailes menores. Los fieles en la iglesia, con velas en las manos y en un profundo recogimiento, han entrado en un silencio meditativo, de rodillas, a las palabras «Se desprendió de la carne aquella alma santísima, y, sumergida en un abismo de luz, el cuerpo se durmió en el Señor». Después de la lectura del Cántico de las Criaturas y el beso a la santa reliquia de san Francisco, la fiesta se ha desplazado al salón de la curia custodial para disfrutar de un piscolabis en un ambiente fraterno.

Las celebraciones por la fiesta del Padre seráfico continuaron el 4 de octubre con la misa solemne, a las 10.30, presidida por fray Martin Staszak op, prior de los dominicos. Estaban también presentes Mons. Giuseppe Lazzarotto, nuncio apostólico de Israel, Mons. Pierbattista Pizzaballa, administrador apostólico de Jerusalén, Mons. Kamal Batish, los cónsules general de Bélgica, España, Francia e Italia y otras personalidades del mundo político y religioso. El prior de los dominicos ha pronunciado la homilía en francés, centrándose en el significado de la figura de san Francisco para la gente de su tiempo. Los hombres de su tiempo, ¿le necesitaban, así como al otro fundador de las órdenes mendicantes, santo Domingo, que predicaban la pobreza? La respuesta de fray Martin Staszak es que sí, porque «san Francisco, que no tenía nada que ofrecer, ofrecía todo en realidad. Su estilo de vida, su pobreza, eran convincentes y, en sí, un anuncio del Evangelio». Su pobreza nos enseña que es «Dios mismo quien nos enriquece con su gracia, que debe estar en la base de todo lo que hacemos», ha dicho el prior de los dominicos.

Las segundas Vísperas del 4 de octubre han sido presididas, a su vez, por el guardián de San Salvador, fray Marcelo Ariel Cichinelli. «Me he preguntado: ¿Qué te ha atraído de Jesús, san Francisco?», decía en su homilía. Ha recorrido los momentos de la llamada de Francisco, ocurridos con frecuencia delante de un crucifijo, al que siempre obedeció. Lo que el patrono de Italia amaba de Jesús, según fray Marcelo, era precisamente su obediencia, visible claramente en la cruz. «Quisiera pedir a nuestro Padre Francisco que nos enseñe a amar a Jesús –ha concluido el guardián de San Salvador-, pero sobre todo que nos enseñe a obedecer al Padre».

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