2016
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Una Dedicación del Santo Sepulcro de gran actualidad

En la vigilia de la clausura del Capítulo de la Custodia, el custodio acompañado de la mayoría de frailes capitulares ha presidido, este viernes 15 de julio, la conmemoración de la Dedicación de la basílica de la Resurrección.

La celebración se ha desarrollado en un espacio más reducido: las vallas y los andamios en torno a la tumba, levantadas con motivo de los trabajos, han obligado a la asamblea a reunirse en torno al altar.

La fiesta de la Dedicación se remonta al año 1149, cuando los cruzados consagraron el altar, aspergiendo con agua bendita la basílica que acababan de construir. Pero esta solemnidad no es un homenaje a la gloria de los cruzados; es una conmemoración que asocia a todos los cristianos con este lugar convertido, por Cristo, en el centro del mundo.

En su homilía, el padre custodio ha subrayado que este lugar es «el punto extremo del abajamiento de Cristo» hacia la muerte, pero que «es también el lugar de la resurrección», ha insistido. Desde este acontecimiento, que «cambia toda nuestra vida», debemos «vivir de modo nuevo nuestra vida de bautizados, de hermanos, de frailes de la Custodia de Tierra Santa», ha seguido diciendo. La resurrección, según el Evangelio, es «la victoria sobre la muerte y la corrupción», ha explicado el custodio, insistiendo en esta última palabra. «¿Cómo puedo pensar en mis intereses personales ante Jesús, que ha dado su vida? […] ¿En mi orgullo… en mi prestigio?». Estas han sido las palabras que recuerdan la humildad inherente al espíritu originario de los frailes menores y que tienen un eco especial en el momento en el que la Custodia termina su Capítulo. Los frailes son enviados o reconducidos en sus misiones por todo el Levante. «Debemos hacer aquello por lo que hemos nacido aquí, hace ocho siglo», es decir, cumplir la misión franciscana de la Custodia, ha concluido diciendo el padre custodio. De hecho, san Francisco mismo obtuvo para sus frailes el derecho a venir pacíficamente a Tierra Santa, derecho que les abrió el camino hacia Jerusalén y los santos lugares para hacer vivir aquí la presencia y los valores de la cristiandad latina y franciscana.

En el lugar de la sepultura de Cristo y de su victoria sobre la muerte, la actualidad está siempre presente en la oración de los frailes. «Dirigimos nuestras intenciones a Francia, a las víctimas del atentado de Niza, que ha causado más de 80 muertos y heridos. Recordamos a los difuntos, a los heridos y a sus familias», ha dicho el custodio, fray Francesco Patton, al comienzo de su homilía. «Oremos para que los corazones de todos se mantengan abiertos a la paz», ha añadido.

También por la mañana, pero un poco más tarde, durante una breve ceremonia privada en el Patriarcado latino, Mons. Fuad Twal ha dejado oficialmente su puesto cediéndoselo, según la elección de la Santa Sede, a Mons. Pierbattista Pizzaballa, nombrado administrador apostólico.
Este último, la tarde anterior, se acercó por primera vez a San Salvador para visitar a los frailes reunidos en Capítulo «con pantalón oscuro y clergyman», como ha notado el blog del Capítulo.
Mons. Pizzaballa ha concluido la serie de visitas recibidas durante este tiempo fuerte de la Custodia. El Capítulo, que terminará hoy sus labores, se concluirá mañana en oración ante la tumba vacía, en la basílica de la Resurrección.

T.D.

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