2016
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Pentecostés: renovar la faz de la tierra

Veni creator Spiritus , ven Espíritu creador. Con esta invocación al Espíritu Santo ha empezado la misa de Pentecostés, celebrada el domingo 15 de mayo en la iglesia de San Salvador de Jerusalén. El padre custodio, fray Pierbattista Pizzaballa, ha presidido la celebración. Han sido numerosos los parroquianos venidos para asistir a la celebración.

En su homilía, el párroco fray Firás Hiyazin ha descrito Pentecostés como «una nueva Babel». Contrariamente al episodio de la torre de Babel, a partir de cuyo episodio los hombres ya no entienden, el Espíritu Santo permite a los hombres reunirse, a pesar de las lenguas. «Pentecostés nos invita a vivir según las enseñanzas de la Iglesia de Cristo: Jesús está con nosotros y en nosotros -ha añadido-. Si somos conscientes de la importancia de las dos principales fiestas cristianas, Navidad y Pascua, no hay que olvidarse de Pentecostés: es el día en el que nace la Iglesia, que ya no tiene miedo y sale en misión para llevar a todos la Buena Nueva».

Después de la mesa, los frailes y los parroquianos se han vuelto a reunir en el recibidor de la Curia para celebrar juntos «el aniversario de la Iglesia».

Con una buena escolta, kawas y policía, los franciscanos se han dirigido posteriormente al Cenáculo para el rezo de las Vísperas solemnes. La oración se ha desarrollado con calma, a pesar de los manifestantes judíos que, en el exterior, protestaban contra la presencia de los frailes. Algunos voluntarios, con chaleco amarillo fluorescente, se esforzaban por ofrecer otro testimonio. «Formamos parte de un centro multicultural. Estamos aquí para demostrar que esto no es sino un lugar de antagonismos, pero queremos animar a la coexistencia», afirmaba uno de ellos.

Las Vísperas han empezado con el Aleluya para recordar el tiempo Pascual, que concluye en este mismo día. En el lugar en el que los apóstoles se habían reunido y donde «aparecieron lenguas como de fuego que se dividían y se pasaban sobre cada uno de ellos» (Hech 2,3), todos los fieles han recibido una vela y así, todos se han ido pasando, uno a otro, el fuego del Espíritu Santo, en recuerdo de este acontecimiento. La tradicional recitación del padrenuestro, en la lengua materna de cada uno, ha sido un momento conmovedor, recordando a todos la universalidad del mensaje cristiano y la capacidad que tienen la Iglesia y Cristo de adaptarse para que todos pueden comprender.

«El calor y el ruido de los manifestantes podrían habernos perturbado durante la oración, pero hemos perseverado», dice sonriendo un fraile en el jardín del convento del «Pequeño Cenáculo», donde se ha ofrecido un refresco, muy agradecido debido a que el termómetro ha alcanzado los 37 grados. Sin duda, ¡el fuego del Espíritu!

HM

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