2016
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Dominus Flevit: llorar con quien llora

El 24 de febrero, en el Dominus Flevit han empezado las peregrinaciones cuaresmales que los franciscanos animan todos los años. «Esta tradición de celebrar la eucaristía en los mismos lugares en los que sucedieron los hechos se remonta a los primeros siglos de la era cristiana. Esta liturgia de las estaciones ayuda a recordar los misterios de la Pasión durante la Cuaresma», explica fray Sergio Galdi, que ha presidido la misa solemne de este día junto a otros treinta concelebrantes. Numerosos religiosos y religiosas, así como algunos peregrinos y habitantes de Tierra Santa, se han reunido en la pequeña iglesia. Construida en una ladera del monte de los Olivos por el arquitecto italiano Antonio Barluzzi en 1955, tiene la forma de una gota de agua. Aquí es donde la tradición sitúa el lugar en el que Jesús lloró por Jerusalén, anunciando el doloroso futuro de la ciudad que no reconoció a Dios que la visitaba (cfr. Lc 19,41-44). «En árabe, el nombre es kanisa Bucaa al Rab, es decir la ‘iglesia del llanto de Dios’», traduce fray Sebastián Eclimes, fraile guardián del santuario franciscano. La expresión latina Dominus flevit significa también «el Señor ha llorado».
Fray Frédéric Manns en su homilía ha destacado los textos que hablan de los llantos de Jeremías en el momento del exilio a Babilonia (Jer 14,17-21), los llantos de san Pablo por su comunidad en la Carta a los Filipenses (cfr. 3,18) y el llanto de Jesús por Jerusalén. «¿Qué quiere decir llorar? Solo el que ama sufre. El amor es el que genera el sufrimiento y las lágrimas. En otras palabras, es la misericordia la que suscita las lágrimas, porque quien tiene un corazón de piedra no se deja conmover». Los corazones deshechos son los lugares privilegiados en los que Dios se revela, porque se abren a Dios y a su misericordia». El año jubilar instituido por el Papa anima a la práctica de las obras de misericordia que san Pablo definió así: «Alegrarse con quien se alegra y llorar con quien llora» (cfr. Rom 12,15).
Citando al papa Francisco, fray Frédéric Manns ha explicado también por qué Jerusalén no reconoció la venida del Señor: tuvo miedo, no de la alegría de la que Dios nos colma, sino de la conversión, con las sorpresa que conlleva. Porque convertirse significa abandonarse a Dios, dejarse guiar por él y no quererlo controlar todo. «Debemos pedir a Dios un corazón quebrantado para experimentar su misericordia», ha concluido.
Al finalizar la celebración se ha servido un refresco en el patio del convento.

Durante la Cuaresma, como preparación a la Semana Santa, los franciscanos realizan peregrinaciones semanales a los santuarios relacionados con la Pasión. Esta tradición se remonta a finales del siglo XIX. Todos, peregrinos ocasionales y cristianos que viven en Tierra Santa, están invitados a participar. Este es el programa de este año:

Miércoles 2 de marzo – Getsemaní – 16.00 horas misa solemne. Predicador: fray Frédéric Manns, ofm

Miércoles 9 de marzo – Flagelación – 17.00 horas misa solemne. Predicador: fray Frédéric Manns, ofm

Jueves 10 de marzo – Betania – 6.30 horas misa en la tumba de Lázaro – 7.30 horas misa en la iglesia. Predicador: fray Frédéric Manns, ofm – Peregrinación a la Ascensión y al Pater Noster

Miércoles 16 de marzo – Lithostrotos – 17.00 horas misa solemne. Predicador: fray Artemio Vítores, ofm

Sábado de Ramos (19 de marzo) – Betfagé – 9.00 horas misa solemne. Predicador: fray Artemio Vítores, ofm

HM

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