2015
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Celebración de San Esteban en Jerusalén

En la intimidad franciscana, el sábado por la mañana, a las 7.30 h, se ha celebrado la misa en la enfermería del convento de San Salvador. La ceremonia ha estado presidida por el custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, en presencia de numerosos frailes.
En esta fiesta del mártir san Esteban el custodio, en su homilía, ha recordado a los mártires de hoy, especialmente en Siria. Además ha insistido en que, aunque ciertamente la mentalidad occidental considera a algunas personas como «inútiles» para la sociedad, como podrían ser los frailes que pasan sus días en la enfermería, «el amor de Dios no tiene límites. Es necesario dirigir la mirada al cielo y ver la gloria de Dios, que se manifiesta en los hospitales y enfermerías».
Los frailes han cantado algunos villancicos navideños y después el custodio ha concluido la misa dando las gracias a los frailes, las religiosas y a la comunidad y el personal de la enfermería. Ha aprovechado también la ocasión para felicitar la Navidad al guardián del convento de San Salvador, fray Stéphane Milovitch. Este último ha presidido las vísperas en la cripta de la iglesia de San Esteban, de los griegos ortodoxos.
La asamblea de peregrinos, religiosos y religiosas ha sido recibida por el padre Epifanios y su gran sonrisa, como signo de ecumenismo. La iglesia, construida en 1968, acoge habitualmente a los ortodoxos griegos y rusos, «pero está abierta a todos y es una gran alegría recibir todos los años a los franciscanos», ha precisado. Los ortodoxos, sin embargo, celebran la fiesta de San Esteban el 9 de enero.
En la oscuridad de la gruta, la asamblea reza con las velas en la mano. El canto del «Adeste fideles» recuerda la proximidad de la Navidad. Cristo ha venido a salvarnos y debemos estar preparados para ser testigos de nuestra fe en Él, a veces hasta la muerte, como san Esteban. Fray Stéphane ha recordado que la primera comunidad cristiana del monte Sión, atemorizada por el martirio de una de sus más importantes figuras, se alejó de Jerusalén. Fue de esta forma como la Iglesia se difundió por todos los rincones de la tierra. Este suceso dramático representó un gran beneficio para la naciente comunidad cristiana.
La fraternidad de Getsemaní ha invitado luego a la asamblea a degustar el ‘panettone’ y su famoso chocolate caliente en el patio del convento. «¡El mejor momento de la jornada!», ha exclamado un fraile bromeando.

HM et TD

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