2015
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Celebración de la fiesta de la Ascensión en el monte de los Olivos

Bajo el sol y un fresco viento, los franciscanos han celebrado el miércoles 13 de mayo las primeras vísperas de la Ascensión en el mismo lugar en el que se conmemora, según la tradición, la subida de Jesús al cielo.
Llegados con antelación, los frailes esperaron en el exterior el momento del ingreso solemne del vicario custodial, fray Dobromir Jasztal ofm, en la capilla. Este santo lugar, situado en la cima del monte de los Olivos, es el único de los cuatro afectados por el Statu Quo que pertenece a los musulmanes. Aunque la propiedad, contigua a una mezquita, ha sido declarada «waqf», es decir de derecho islámico, el día de la Ascensión los cristianos pueden entrar gratuitamente para rezar. El derecho está concedido a todas las confesiones cristianas.

Este año, ya que la fecha de la Pascua no coincidía para católicos y ortodoxos y la celebración ha tenido lugar cuarenta días después de Pascua, los franciscanos estaban solos en el lugar. Acompañados por peregrinos y religiosos de otra comunidad, los frailes menores han rezado las vísperas y cantado en procesión alrededor al edículo para dar por finalizada la alegría de la fiesta con un almuerzo fraterno. Si algunos frailes estaban en la capilla de la cúpula, donde se encuentra lo que la tradición considera la huella de los pies de Cristo, la mayor parte rezaba fuera con los peregrinos en la pequeñez de la capilla. Recitadas las completas, muchos frailes volvieron al convento mientras que otros se quedaron en espera de las vigilias.

Como cada año, se han plantado cuatro tiendas en torno al edículo para acoger a los que velan. Venido para la tarde, un grupo de franciscanos y algunas religiosas esperaban el inicio de la ceremonia en silencio, mientras que en el
ha subido nuevamente por las colinas del monte de los Olivos. Un veintena de frailes y unas religiosas esperaban el inicio de la ceremonia de la ceremonia en silencio, mientras que otros se habían colocado bajo la dirección del ceremonial de una tienda a otra.

El edículo donde se celebran todos los años las celebraciones -no confundir con la iglesia rusa de la Ascensión- pasó a ser de propiedad islámica tras la conquista de Saladino. Las arcadas, que antiguamente estaban abiertas, fueron tapiadas y se les añadió un minarete. El edículo se integró así a la «mezquita de la Ascensión».

Las vigilias comenzaron con el ingreso del vicario custodial en el edículo, cuyos muros de piedra blanca se tapizan de rojo para la ocasión; la piedra con la huella se ilumina con velas. Las oraciones cantadas en el edículo resuenan en el exterior gracias al edículo gracias a la pequeña puerta, alcanzando a los peregrinos venidos desde Nazaret que esperaban fuera. Al finalizar las vigilias, mientras que aún hacía mucho fresco, un kawas distribuía helados sin distinguir compradores. Se prepararon dos altares fuera de la puerta del santuario, para acoger la oración y las misas que se sucedieron toda la noche. Celebrada por sacerdotes venidos de parroquias o de distintas comunidades religiosas, han hecho resonar la fiesta en todas las lenguas, comenzando por el árabe, el italiano o el francés.

Según la tradición, a las 9.30 horas, tras la última mesa celebrada en el exterior, a las 8, por la parroquia latina de Jerusalén, los franciscanos han concluido este ciclo de oración con una eucaristía presidida por el vicario custodial. Antes del inicio de la celebración, peregrinos locales y extranjeros, parroquianos y escolares han visitado con prisa el edículo. La mayor parte se ha agrupado instintivamente antes la entrada del edículo, otros siguiendo los frisos han rodeado el edificio. Entre ellos, un grupo de peregrinos musulmanes.

La misa de la Ascensión ha concluido y los grupos de peregrinos y turistas se han ido sucediendo en el espacio que rodea la iglesita, intentando ser muy discretos. Una mujer iraquí, venida desde Australia con su marido, decía en voz baja y con emoción: «¡Dios, tú eres fuerte! ¡Dios, tú eres poderoso! Qué suerte tenéis de vivir aquí. ¡Que Yasu’u, Jesús, os proteja a todos!».

Hélene Morlet y Nizzar Halloun

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