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2015
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Las Iglesias cristianas, reunidas en torno al pesebre

La alegría de la Navidad ha estado también presente en Belén estos días 5 y 6 de enero, en que la Iglesia latina ha celebrado la Epifanía del Señor. Como todos los años, los franciscanos se han dirigido a Belén siguiendo los pasos de los Magos «venidos de Oriente», como recuerda el Evangelio de la fiesta.

La Epifanía –que significa «manifestación»- conmemora el episodio de la adoración de los Magos que llevaron oro, incienso y mirra al Dios-niño. La tradición litúrgica local celebra esta festividad con una especial solemnidad.

Por tradición, el custodio recibe en primer lugar las felicitaciones de la comunidad latina de Jerusalén, y el diálogo entre él y la comunidad ha sido este año muy original. Las palabras del custodio han sido totalmente informales. Hablando de la actualidad, ha suscitado un cierto número de preguntas en las que se manifestaban las preocupaciones de los cristianos locales. Así, parecía más que necesario ponerse en camino hacia Belén para confiarle todo ello al Señor.

En Mar Elías, antiguo límite municipal de Belén, la policía montada israelí se ha unido al cortejo para acompañar solemnemente al custodio hasta el muro de separación.

Igual que el primer domingo de Adviento, el custodio ha realizado su ingreso en la ciudad, donde ha sido recibido en el plaza del Pesebre por las autoridades palestinas. La tarde del día 5 de enero se ha dedicado esencialmente a la oración litúrgica, con el oficio de Vísperas y la vigilia de la Epifanía.

Acompañado del párroco, al custodio le seguía una calurosa asamblea compuesta por las comunidades religiosas que colaboran con la Custodia o que se inspiran en la espiritualidad franciscana.
El día siguiente, solemnidad de la Epifanía, la jornada ha comenzado con la misa celebrada por el custodio. Numerosos cristianos locales han participado en ella. «Para nosotros hoy es más simple», cuenta un fiel. «No hemos venido la tarde del día de Navidad porque había muchísima gente, muchos turistas. Pero hoy, estamos contentos de estar aquí. Hemos venido a rezar por la paz, para que el Niño Jesús nos dé su paz». Otro grupo de peregrinos, venidos desde Italia, afirma: «No es una novedad. Venimos todos los años desde hace mucho tiempo. Para nosotros es un auténtico ritual».

Como marca el Statu Quo, los cuatros cónsules de las naciones llamadas «latinas» -Bélgica, España, Francia e Italia- han asistido a la misa. Tras la homilía del párroco, el diácono ha anunciado, según una antigua costumbre, las fiestas «móviles» del año litúrgico: Miércoles de Ceniza, Pascua, Ascensión, Pentecostés y el primer domingo de Adviento.

Después del almuerzo festivo en Casa Nova –la casa de acogida para peregrinos-, los frailes han cantado las segundas vísperas de la Epifanía. En el transcurso de este oficio, tres sacerdotes han llevado en procesión oro (una flor, regalo del papa Pablo VI), incienso y mirra, representando los regalos de los reyes Magos. Al finalizar el oficio, los franciscanos y fieles presentes ha imitado a los Magos, acercándose hasta el pesebre para adorar a Cristo Niño. Mientras el diácono cantaba el Evangelio de la Epifanía, el custodio ha depositado a los pies del pesebre las ofrendas de los Magos.

La procesión ha concluido con una procesión por el claustro. Peregrinos y franciscanos han dado tres vueltas al claustro acompañados por los cantos alegros de la escuela. El custodio llevaba la imagen del Niño Dios, precedido por dos sacerdotes que iban repartiendo mirra e incienso a los fieles.

Pero los latinos, que han venido en gran número durante este bella jornada, no han sido los únicos cristianos que se han acercado hasta el pesebre. Para los ortodoxos, que siguen el calendario juliano, la fiesta de la Navidad cae todos los años el día 7 de enero. La Epifanía latina, por tanto, cae al mismo tiempo que las primeras vísperas de la Navidad ortodoxa.

En la basílica de Belén, tres Iglesias ortodoxas –griega, siríaca y copta- han rezado al mismo tiempo las vísperas, en una alegre cacofonía.
Para un fraile franciscano, el mensaje es muy claro: «Igual que los Magos vienen tradicionalmente de distintos continentes, así las Iglesias cristianas en su diversidad celebran la unidad del Hijo de Dios que se ha encarnado. Todos estamos invitados a compartir la misma fe y a venir a adorar al mismo Señor. En cierto modo, la Iglesia griega representa a Europa, los siríacos a Asia y los coptos a África. Se respeta así el simbolismo de los Magos».

Una cristiana latina venida de Jerusalén confía con esperanza en que «un día celebraremos juntos la Navidad». Pero la diversidad de calendarios no impide vivir el mismo misterio. «La Navidad es un nuevo nacimiento en Cristo. Somos adoptados por Cristo y todos los años es un nuevo comienzo».

Un nuevo comienzo que debe estar, según la felicitación del custodio a la comunidad latina de Belén, acompañado de esperanza y confianza. «Debemos quedarnos. Es el único futuro posible. Siempre habrá dificultades. Cualquiera que sea el futuro, los franciscanos seguirán aquí para hacer viva la presencia cristiana en esta Tierra Santa».

Nicolas Kimmel

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