2014
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En el edículo del Santo Sepulcro, un cuadro vuelve a su sitio

El 23 de septiembre de 2013, Maurizio Canesso, galerista y especialista en arte religioso italiano de los siglos XV al XVIII, efectuó un viaje de estudios a Jerusalén con el gran proyecto de restaurar un número determinado de obras en posesión de la Custodia de Tierra Santa.

En sus siguientes viajes a Tierra Santa, su ojo experto había seleccionado ya varias obras. Esta vez, ha estado acompañado por el profesor Nicola Spinosa, director del museo de Capodimonte (Nápoles, Italia). Ambos, subidos encima de una escalera colocada ante la tumba vacía de Jesús en el Santo Sepulcro, bajo la luz de una lámpara eléctrica, han estado escrutando de cerca el cuadro que domina el edículo, un óleo en tela de 1,51×1,42 cm.

La tela está allí, como testimonian los archivos custodiales, desde antes de 1808, fecha del gran incendio que devastó parte de la basílica de la Resurrección. Fue restaurado en Malta, en 1860, aunque el cuadro ha sufrido distintos daños debidos al paso del tiempo: la humedad de la iglesia, el polvo pero, sobre todo, el humo de las velas y las lámparas de aceite que se le ha vuelto a adherir.

Poco tiempo ha necesitado el profesor Spinosa para identificar al autor con voz entusiasta y tranquila: «¡Un De Matteis!». Paolo de Matteis (1662-1728), formado en Nápoles, trabajó al servicio del virrey español de Nápoles. Según el profesor Spinosa, se trata ciertamente del cuadro que inspiró el bajorrelieve en plata situado en la capilla de la Aparición, adyacente a la sacristía. Y se tomó una decisión: si el Statu Quo que rige el Santo Sepulcro lo permitía, la obra se quitaría para restaurarla. Y el Statu Quo lo ha permitido. La Oficina técnica de la Custodia se ha encargado, hace algunas semanas, de sustituir el cuadro por una copia en tela de otra resurrección. De hecho, para el Statuo Quo, el espacio no puede quedar vacío.

El sábado 22 de noviembre de 2013, los peregrinos que se quedaron voluntariamente encerrados en el Santo Sepulcro con la esperanza de rezar tranquilamente y en silencio ante la tumba vacía de Jesús, se llevaron una sorpresa. Aquella noche, aprovechando la breve clausura semanal (1), la Oficina técnica de la Custodia, de acuerdo con el resto de confesiones cristianas, volvió a colocar el De Matteis en su lugar.
Un año después, porque además de la restauración que duró tres meses la tela estuvo expuesta en Lugano por iniciativa de M. Canesso, junto a otros cuatro cuadros –entre ellos, el bajorrelieve del Santo Sepulcro- que se pudieron observar ya en la exposición del Tesoro del Santo Sepulcro que tuvo lugar en el palacio de Versalles. Ahora la tela ha vuelta «a casa», cumpliendo su misión: recordarnos que la tumba está vacía porque Cristo ha resucitado.
Aprendiendo de la experiencia primera, esta vez se ha instalado un andamio. Con guantes blancos, los trabajadores de la Custodia han manejado el cuadro restaurado bajo la supervisión de fray Sergey Loktionov y la guía de Issa Shaheen. Para preservar la labor de restauración realizada en París en el taller de Serge Tiers, desde ahora la tela estará protegida por delante por una lámina de vidrio especial y, por detrás, por una lámina de polipropileno alveolar que permite respirar al cuadro sin que entre el polvo.

Un monje greco-ortodoxo ha prestado ayuda. La representación del Espíritu Santo, perteneciente a su Iglesia, está fijada a la fachada impidiendo la maniobra. Él mismo la ha desmontado y vuelto a montar. Coptos y armenios pasan el tiempo observando los trabajos. Algunos peregrinos han subido al Calvario en busca de un poco de silencio, otros se han quedado para asistir, felices, a este pequeño evento en la historia de la basílica. Elena sonríe al ver esta circunstancia «profana» del edificio y de la misma tumba, alegrándose al ver a las distintas confesiones trabajar juntas y ayudarse.
Los medios de la Custodia han documentado, con vídeo y fotos, este evento que se compartirá con todos aquellos que han hecho posible la realización de los trabajos, a los que la Custodia da las gracias calurosamente.

MAB

1. Todos los sábados, las puertas del Santo Sepulcro se cierran a la misma hora (19.00 en invierno) para volver a abrirse a las 23.00 y permanecer abiertas hasta la tarde. Un cierto número de peregrinos –que se deben inscribir anteriormente en la sacristía de su rito- puede permanecer en la basílica durante estas horas de calma única, dedicadas a la oración silenciosa, antes del comienzo de los oficios de las distintas Iglesias, que se suceden después durante toda la noche.

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