2014
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Un saludo y un cálido agradecimiento a las religiosas de Grandchamp

Ain Karem, 6 de noviembre de 2014

Un cálido sol y las todavía verdes colinas de Judea han sido el escenario natural de la simple pero profunda liturgia que se ha celebrado en la terraza del pequeño yermo cercano a la tumba de santa Isabel, en el complejo del convento franciscano de la Custodia de Tierra Santa de San Juan en el Desierto, en Even Sapir.
El sol y el agradable clima que ha acompañado el tiempo de oración han sido vistos por todos como una bendición y una sonrisa del cielo, tras algunos días lluviosos y decididamente otoñales; una liturgia de la Palabra organizada por las religiosas de la comunidad ecuménica de Grandchamp con ocasión de la próxima conclusión de su presencia en Tierra Santa.
La pequeña comunidad está presente en la tumba de santa Isabel desde hace cuarenta años, 1973, cuando una religiosa de la comunidad, que tiene la casa madre en Suiza, en la localidad homónima, tuvo la intuición de venir a Tierra Santa para profundizar en el conocimiento de las raíces del cristianismo y para crear vínculos de amistad y de mutuo crecimiento espiritual con el judaísmo y el pueblo de la Alianza.
La azotea del simple monasterio se adornó para acoger a los huéspedes invitados a la oración y pronto se mostró insuficiente para recibir a tantos amigos venidos de todas partes para abrazar con un saludo lleno de reconocimiento a las tres religiosas que se van. El custodio, P. Pierbattista Pizzaballa, ha presidido la liturgia, acompañado por un grupo de frailes, del secretario de Tierra Santa y del vicario custodial, de los frailes de la comunidad de San Juan en el Desierto de San Juan en la Montaña de Ain Karem, y por algunos frailes estudiantes; con ellos estaban los monjes y monjas del monasterio de Abu Gosh, el pastor responsable de la Iglesia luterana de Jerusalén, el vicario patriarcal para los fieles de lengua hebrea, las monjas del Emmanuel de Belén, las religiosas de Sión de Ain Karem, algunas religiosas y muchos amigos y conocidos, vecinos del moshav en que se encuentra el yermo de Santa Isabel y algunos hermanos y hermanas de la Koinonía de San Juan Bautista, que serán los próximos habitantes del yermo.
Durante la oración, tras ser proclamado el Evangelio de la Visitación, sor Pierrette, superiora de la comunidad de Grandchamp, ha pronunciado un discurso de agradecimiento y de despedida, recordando la historia de las religiosas que han habitado el pequeño convento y que, durante cuarenta años, han sido una presencia silenciosa, signo de reconciliación y de paz, dos pilares de la vocación de la comunidad.
Su deseo de vivir en Tierra Santa y la posibilidad que han tenido de poderlo realizar, ha sido una bendición que piden para todos los hombres y mujeres que conviven en esta tierra, con frecuencia lugar de heridas y sufrimiento. En sus palabras ha habido reconocimiento por la acogida recibida, por todos los padres custodios que en los años de su presencia se han encargado de guiar la Custodia y en particular por el último período al padre Pierbattista; por tantas y tan profundas amistades y relaciones que las religiosas han establecido a lo largo de los años y que seguirán siendo un vínculo irrompible que las ligará para siempre, en la oración, a Tierra Santa y a sus habitantes.
«Mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor; mis pensamientos no son vuestros pensamientos». Citando las palabras del profeta Isaías, sor Pierrette ha descrito cómo, con dolor, la comunidad adoptó la difícil decisión de dejar Tierra Santa y pasar página, abriendo un nuevo capítulo en la historia de la comunidad, que ya no estará presente en Ain Karem. El custodio, después, les ha dado las gracias en nombre de toda la comunidad franciscana de Tierra Santa y en nombre de la Iglesia de Jerusalén, por la presencia discreta y orante de las hermanas que, en cuarenta años, han enriquecido hermosamente la realidad de Jerusalén, que es un cuerpo maravilloso con muchos miembros pero un único corazón, del que ellas siempre formarán parte. El padre Pierbattista ha concluido sus palabras y agradecimiento presentando a la Comunidad de la Koinonía San Juan Bautista, que será la futura fraternidad que habitará la casa, dando continuidad al estilo mismo del yermo, que será sobre todo un lugar de oración y una casa siempre abierta y acogedora para quien quiera venir a encontrarse con los hermanos y hermanas, para crear vínculos de amistad y de comunión basados en el respeto, la reconciliación y la paz.
La oración ha concluido con la bendición impartida por el padre custodio y con el canto de alabanza del Magníficat, que todos los presentes han entonado en la capilla del monasterio.
La gran participación de tantos religiosos y religiosas, así como de amigos y conocidos, y tantas personas y asociaciones que han sido recordadas durante la oración de intercesión por las hermanas de Grandchamp, son el testimonio más bello de tanto bien que estas religiosas han hecho a la Iglesia de Jerusalén y a Tierra Santa, y de tantas semillas esparcidas que, como ha dicho el P. Pierbattista, en cuarenta años no han sido sembradas en vano, sino que, al contrario, crecerán y se convertirán en bellísimas plantas cargadas de frutos.
El agradecimiento vivo de la Custodia de Tierra Santa y la bendición a toda la comunidad de Grandchamp.

Fray Alberto Joan Pari, ofm

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