2014
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Fiesta de la Ascensión: ¡junto a los discípulos de Cristo!

Celebrada cuarenta días después de la Pascua, la Ascensión se celebra en Jerusalén en el monte de los Olivos, el lugar donde, según la tradición, los discípulos vieron a Jesús elevarse al cielo. El santuario se lo apropiaron los musulmanes tras la toma de Jerusalén en 1187. Se le añadió una pequeña mezquita con su minarete. A pesar de ello, los franciscanos obtuvieron el derecho a celebrar en él, de forma continua, una vez al año; un derecho que se extendió también al resto de confesiones cristianas.

Rodeados este año por los griegos ortodoxos, los armenios, siríacos y coptos (habiendo compartido todos la misma fecha de la Pascua, y por tanto también la fiesta de este día), los franciscanos han plantado sus tiendas en torno a la pequeña capilla.

Desde el alba, fray Amar, ecónomo del convento de San Salvador, ha dirigido la instalación. A primera hora de la tarde, exclama: «¡Tenemos cuatro tiendas: la tienda “sacristía”, la tienda “refectorio”, la tienda de “intendencia” y, finalmente, la tienda “dormitorio”!». Una organización que sorprende pero respetuosa con las tradiciones. De hecho, tras el ingreso solemne del vicario custodial hasta la misa pontifical del día después, a las 5.30 de la madrugada, rezos y misas se suceden en pequeños grupos y en torno al edículo de la Ascensión.

Los católicos, siendo los únicos que tienen autorización para celebrar la misa en el edículo, han acogido a los cristianos de otras confesiones que han querido también recogerse en este lugar donde se encuentra, quizá, la huella del pie de Jesús antes de su ascensión hacia el cielo. Incienso, lenguas y liturgias se confunden; los religiosos y los fieles van de una tienda a otra saludándose, ofreciéndose café y compartiendo la dulzura de esta vigilia. Así, después de las vísperas y completas, el vicario custodial, fray Dobromir Jasztal, ha invitado así a los presentes: «En esta noche que se nos ha dado, unamos nuestra oración a la de Cristo».

Los católicos de Tierra Santa han tomado el relevo en la vigilia; no ha faltado el llamamiento de fray Karam con su parroquia de Nazaret, ni el padre David Neuhaus, vicario de la parroquia de lengua hebrea del Patriarcado latino. Fieles a la exhortación leída en el Evangelio de san Mateo: «¡Id pues! Haced discípulos de todas las naciones», esta fiesta, una vez más, revela y forja este ecumenismo práctico que viven las comunidades de Tierra Santa.

Buena fiesta a todos.

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