2014
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«No podemos callar: ¡Cristo ha resucitado!»

Apoteosis de este Triduo pascual, la basílica del Santo Sepulcro ha acogido este domingo por la mañana la misa de Pascua presidida por el patriarca latino, S. B. Mons. Fuad Twal.
La espera es grande entre los fieles llegados del mundo entero para asistir a la ceremonia. Como ejemplo, Joséphine, de Costa de Marfil, que no esconde su alegría de celebrar esta fiesta ante la tumba del Resucitado. También como Kate, joven húngara del coro que ha animado la ceremonia. Tras un año de prueba, todavía no le parece real estar finalmente en Jerusalén, entonando el Exultate Deo de Scarlatti.

En este día en el que los cristianos de todo el mundo proclaman su fe, Su Beatitud ha invitado a la asamblea a tomar «el testigo siguiendo a los discípulos para anunciar y gritar sin complejos que Cristo ha resucitado». Después, ha añadido: «Queridos hermanos y hermanas, no podemos callar». Un anuncio que solo puede llevarse a cabo en la confianza, como Marta que, a pesar de sus quejas, nos recuerda que todo lo que pedimos a Dios, Él nos lo concederá.

Durante la celebración, que ha reunido a un gran número de sacerdotes ante el edículo donde se ha colocado un altar, en el sepulcro vacío se han celebrado cuatro misas seguidas. Fray Dobromir Jasztal, vicario de la Custodia, ha celebrado la última, tras el nuncio apostólico. «Es la primera vez que he celebrado aquí el mismo día de la Resurrección. Es una misa del todo especial, y es un gran privilegio. Durante toda la celebración, he estado absorto en el misterio de la vida nueva que se nos ha dado a cada uno y a toda la humanidad, una vida nueva en Cristo. Desde este lugar, desde la tumba vacía, en la mañana de Pascua emana perennemente la Vida nueva». Las pocas personas que han tenido el privilegio de ser invitadas a unirse a estas misas, en su mayor parte religiosas, en el recogimiento de la capilla del Ángel, nos hacen pensar, sin duda, en las mujeres que vinieron aquí en las primeras luces de la mañana de Pascua.

Desde el otro lado de la puerta se puede escuchar al patriarca, que ofrece a su vez el sacrificio memorial de la Pasión y Resurrección. Mientras, al mismo tiempo, en torno al edículo y en la capilla de la Aparición a María Magdalena, todos rezan silenciosamente. El tiempo parece fijar en la contemplación todo lo que se vive aquí hoy.

La asamblea vuelve a revivir en el momento de la procesión final, que ha puesto final a las tres horas de celebraciones. Franciscanos y seminaristas han escoltado al patriarca en torno al edículo. En cuatro ocasiones, la procesión se ha detenido para proclamar los cuatro Evangelios que anuncian la Resurrección y el encuentro de Simón y Cleofás con Jesús en el camino hacia Emaús; un episodio bíblico que el custodio, rodeado de fieles, celebrará mañana, lunes de Pascua, en el santuario de Emaús al Qubaybe.

Tras la bendición, el patriarca ha recibido las felicitaciones de los cónsules generales de las cuatro naciones latinas, protectoras de las comunidades cristianas de Tierra Santa (España, Francia, Italia y Bélgica); después, ha salido al son del Aleluya de Haendel.

En la basílica los peregrinos siguen afluyendo. A su vez, miles de personas, todos los años, obedecen la voz del ángel: «Venid a ver el lugar donde lo han depositado». La tumba está vacía. «Al Masih cam» (Cristo ha resucitado), «Jáccam cam» (¡Ha resucitado realmente!).

La Custodia de Tierra Santa, sus frailes, sus voluntarios y trabajadores manifiestan su deseo de que el espíritu de la Pascua pueda irradiar en las almas y los corazones desde Jerusalén a todo el Oriente Medio, y en todas las provincias franciscanas. ¡Que la alegría que llena nuestros corazones llegue a todos nuestros lectores y amigos!

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