2014
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Tumba de Lázaro en Betania : «Aquí no hay sitio para la desesperación»

En el ciclo de peregrinaciones de Cuaresma, los franciscanos de la Custodia han realizado esta semana dos peregrinaciones. La primera de esta cuarta semana de Cuaresma se realizó el miércoles por la tarde al convento de la Flagelación en Jerusalén, lugar de la segunda estación del Via Crucis. El guardián del santuario, fray Nayib Ibrahim, ha presidido la misa mientras que el padre Vincenzo Lopasso, profesor de Exégesis invitado por el SBF, ha sido el encargado de la homilía. El padre Vincenzo ha destacado el papel de los profetas prefigurando la Pasión de Jesús. La segunda lectura ha ayudado a descubrir lo que significa ser siervo de Dios, insistiendo en dos cualidades: la fidelidad y la constancia. «Aunque no seamos dobles de Cristo, el Evangelio nos invita a mirar, probar y afrontar el sufrimiento, sea violento o no. Vivir y compartir el sufrimiento se convierte en ocasión de mostrarnos coherentes con nuestras convicciones y de dar testimonio de él».
Cristo vivió el sufrimiento y el dolor, incluyendo el de ver a su amigos en la pena y la desesperación. Tal aspecto ha sido recordado en la segunda peregrinación de la semana, el jueves por la mañana, a Betania, al lugar de la tumba de Lázaro.
Antes de la llegada del autobús con los frailes acompañados por algunos frailes, a fray Sergio Galdi, secretario de la Custodia, le ha correspondido el privilegio de celebrar la misa en la misma tumba del amigo de Jesús a las 6.30 de la mañana. En este estrecho lugar, solo algunos privilegiados han podido rodear el altar portátil montado para la ocasión. «Ante la muerte, para el cristiano no hay sitio para la desesperación. Sí, podemos sufrir el dolor de la separación, la nostalgia de momentos vividos con personas que amamos, pero al mismo tiempo tenemos la certeza de que un Padre, un Papá, nos espera en el cielo y tiene un proyecto de amor para nosotros».

El padre Luca Grassi se ha encargado de la predicación en la misa de las 7.30, presidida por el vicario custodial, fray Dobromir Jaztal. A la salida de la celebración, los frailes se han acercado en procesión hasta la entrada a la tumba de Lázaro, desde allí tendrían que haberse acercado con facilidad hasta el monte de los Olivos, el monte de la Ascensión, situado en una colina enfrente; pero la barrera de seguridad israelí ha cerrado el camino herméticamente y, en vez de recorrer dos kilómetros, es necesario subir al autobús para recorrer los 15 kilómetros que hay hasta llegar a la capilla. Es lo que han hecho los frailes, terminando esta itinerante mañana, como es tradición, en el Carmelo del Pater.

Mientras los frailes regresaban a Jerusalén, fray Michael Sarquah y fray Eleazar Wroński se han quedado en Betania. Fray Michael es el guardián del lugar; acoge, desde hace siete años, a los grupos de peregrinos que llegan de visita hasta aquí y de los que es obligado admirar el deseo de seguir los pasos de Cristo, incluso cuando el camino es difícil… De hecho, Betania ha quedado aislada y hay que tener verdaderamente voluntad para llegar hasta aquí. Para fray Marcelo Cichinelli, esta presencia constante de la Custodia en los lugares que se le han confiado es capital. «En ciertos períodos, pueblos como este han sido literalmente abandonados por los peregrinos. Los frailes se han quedado y han seguido manteniendo no solo la construcción, cosa secundaria, sino sobre todo la memoria de los acontecimientos de la vida de Cristo que en ellos se produjeron. Esta memoria de Cristo es lo que viene siempre en primer lugar y lo que conduce nuestra actuación. No hay riesgo ninguno en venir a Betania, sino solo la incomodidad del desvío. Pero el riesgo, como el desvío, forman parte integrante de la práctica de la peregrinación. La perseverancia de los frailes, a la larga, da su fruto. La prueba más clamoroso es el sitio del bautismo de Cristo en el Jordán. Los frailes han perseverado, acercándose en peregrinación incluso cuando el lugar estaba cerrado; hoy, el sitio está abierto permanentemente a un gran número de peregrinos».

Por su parte, fray Michael nos ha dado el siguiente testimonio: «Es difícil determinar el número de peregrinos que vienen cada año o cada mes. ¿Cinco mil peregrinos al mes? Vienen de muchísimos lugares, alegrando la vida del santuario. Soy feliz de recibirles». Con cinco mil personas en temporada alta de peregrinaciones, el santuario acoge probablemente a unos 30.000 a 40.000 peregrinos al año, mucho menos que sitios como Belén, que atrae a casi dos millones de peregrinos; es decir, una media de 5.000 al día.
A pesar de todo, la Custodia está preparada para acoger a 30.000 o 40.000; de hecho, en Al Azariya, el lugar de Lázaro, nombre árabe de la aldea bíblica de Betania, no hay sitio para la desesperación, sino para recibir a Cristo.

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