2014
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Formación permanente: por una cristiandad extrovertida y creadora

A invitación del Consejo permanente para la Formación de la Custodia de Tierra Santa, sacerdotes, religiosos y religiosas, pero también directores de escuela y animadores de grupos, han sido invitados a profundizar en la cuestión de la actividad pastoral, un tiempo de formación que ha estado animado por el padre Francesco Iannone, profesor de Teología Dogmática en la Pontificia Facultad de Teología de la Italia Meridional.

La actividad pastoral, con frecuencia contrapuesta a la Teología o relegada a un segundo plano, es «la esencia de la Iglesia», como ha explicado el profesor Iannone al comienzo de la formación. En el espíritu del concilio Vaticano II, ha profundizado en estos términos: «Todo en la Iglesia es pastoral, porque el Señor ha fundado la Iglesia para los hombres y no para sí misma. Todo debe dirigirse al hombre». Brillante orador, propuso una reflexión sobre la pastoral en tres tiempos, profundizando varias veces en la Palabra, la liturgia y, finalmente, en la formación de los agentes en el seno de la Iglesia.

El lunes 17 de febrero, la cuestión central fue la Iglesia anunciadora del misterio y de la Palabra de Dios. El martes se organizó un taller sobre liturgia, «fuente y cumbre de la pastoral», alimentando un intenso intercambio y puesta en común de experiencias entre varios sacerdotes y frailes presentes.

El miércoles, el profesor Iannone abrió el debate sobre el comportamiento y competencias de los agentes de la pastoral. Aprovechó la ocasión para subrayar la necesidad de humildad en la Iglesia, una Iglesia que debe ser un «medio puesto al servicio del pueblo para escuchar la llamada del Padre, pero nunca una finalidad», con el riesgo de no responder a las necesidades de los hombres sino a las suyas propias. Indicó después una serie de obstáculos, como el de querer reducir la actividad pastoral a la organización de eventos o de emociones, pero también el acaparar o concentrar la misión en una solo hombre, reforzando la imagen de una «superestructura eclesial». Ha hecho también un llamamiento a tomar conciencia: «Hay un “antes” y habrá “un después” de vuestra acción. Dios es don y nosotros hemos decidido seguir el ejemplo de Cristo. La pastoral no es otra cosa que el amor de Cristo en acción y el amor no posee nada. No hablemos de “nuestra” parroquia y de “nuestros” fieles; somos un todo en camino».

Distinguiendo entre «formación» e «información», ha invitado a los distintos responsables de la actividad pastoral en Tierra Santa a ser exigentes consigo mismos. De hecho, hoy, los fieles tienen mil alternativas distintas a la misa dominical y la pastoral debe ser la ciencia con concibe y renueva la evangelización. De esta forma, ha invitado a imaginar centros de formación pastoral, no solo para el clero sino también para los laicos que empiezan a surgir en la esfera religiosa oriental. En este punto es donde se han concentrado todas las preguntas durante la sesión. ¿Qué papel dar a los laicos?, ¿cómo compartir las actividades y distinguir las competencias? A estas interrogaciones, el profesor ha respondido que «la pastoral exige flexibilidad, continuidad y mucha paciencia, únicas condiciones para que la Iglesia sea este lugar de hospitalidad eucarística»; una reflexión que fray Mario, sacerdote en Jericó, ha hecho suya: «Los cristianos son una minoría, por tanto las mismas personas están muy solicitadas. Tenemos que hacer un reparto de las responsabilidad y misiones eclesiales. Es una prioridad y un bien para la comunidad cristiana».

La formación concluyó el jueves por la tarde con una conferencia sobre el tema: «Vivir la Iglesia en Oriente Medio». El profesor evocó el gran cambio de este siglo, es decir, el final de una Iglesia «triunfante y potente, dominada por Roma» a favor de una vuelta al hombre y, por tanto, a Jerusalén, ciudad de los orígenes. Profundizó después en la espinosa cuestión de la disminución del número de cristianos, invitando a mirar a Jesús de Nazaret, que vivió también él mismo en este Oriente Medio –es verdad que en otra época-, pero que tuvo que aceptar un camino muy difícil, una cultura, distintas lenguas y comportamientos a veces sin sentido o incómodos. «Cristo sabía que su vida humana terminaría con una derrota pero, consciente de su pertenencia y sus orígenes, no vivió en la fatalidad; al contrario, pensó en “un después”, en una Iglesia, en lo que somos hoy», explicó el profesor Iannone. De esta forma puso en guardia a los cristianos contra toda actitud de repliegue; «defenderse es volverse estériles. Los cristianos deben entender que solo creando un espacio y viviendo la relación con el Otro, vivirán plenamente su relación con Dios». En la conclusión de esta sesión de formación, expresó su deseo de una «Custodia extrovertida, porque la apertura es ya caridad». La Custodia y todos los participantes mostraron calurosamente su agradecimiento al profesor Iannone, no solo por sus preciosas enseñanzas, sino también por su simpatía y su humor, que han hecho de este curso de formación un tiempo de renovación espiritual e intelectual.

E.R.

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