2013
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Siria: muerte del padre François. Luto para la presencia franciscana en esta tierra.

El domingo 23 de junio ha llegado de Siria una triste noticia: el padre François Murad ha sido asesinado en el convento de la Custodia, donde se encontraba para refugiarse y prestar ayudar. Las condiciones de su muerte no se han aclarado aún. El convento, donde se encontraba solo, ha sido totalmente saqueado.
El padre François era bien conocido en la región adonde se había retirado, hace algunos años, como eremita. Tras haber realizado el noviciado franciscano para la Custodia, en Roma, sintió una fuerte llamada del Señor a la vida contemplativa. Una llamada que se hizo realidad en Siria, pues era ciudadano de este país. Sus vínculos con la Custodia siguieron siendo fuerte y solía ir con frecuencia a ayudar a los distintos conventos, sustituyendo a los frailes, hasta tal punto que «era uno de nosotros», según palabras del padre Custodio.
Desde el comienzo de la guerra en Siria, dejó su ermita para asistir a un fraile enfermo y prestar servicio en una comunidad religiosa vecina, y encontrarse así más seguro. Las circunstancias trágicas de su muerte se sienten especialmente en la Custodia.
La presencia de la Custodia en Siria es plurisecular; los frailes siempre han realizado su misión se servicio a la población y lo siguen haciendo en estos tiempos difíciles, sin distinción de credo o filiación política.
Hace algunas semanas, las revistas de Tierra Santa de la Custodia informaban de que la Custodia, en la región del Orontes, acoge a un «centenar de personas, cristianos y musulmanes sunitas y alauitas. La vida en común es posible porque el sacerdote ha prohibido categóricamente a todos hablar de política en el monasterio. Pero falta de todo: pan, agua, electricidad… Los frailes y las religiosas franciscanas hacen todo lo posible para procurar medicinas y productos de primera necesidad».
La Custodia, en la medida de sus posibilidades, ayuda a sus frailes presentes en Siria, haciéndoles llegar aquello que necesitan. Pero los riesgos que se afrontar para enviar alimentos son grandes. Los frailes, haciendo valer el carácter religioso de su misión, han estipulado acuerdos con los distintos partidos para garantizar sus desplazamientos. Pero la situación es aleatoria pues los grupos extremistas interfieren duramente y ningún desplazamiento se puede considerar seguro, ni siquiera para los religiosos. El secuestro de dos obispos, de los que no se tienen noticias desde hace dos meses, es prueba de ello.
Así, a pesar del riesgo, los frailes se prodigan sin descanso para ayudar a la población. Además del cuidado que prestan en sus dispensarios, donde las religiosas franciscanas y las hermanas del Rosario trabajan con ellos, los frailes acogen a los refugiados en algunos conventos, que se han convertido en auténticos «dormitorios»; distribuyen alimentos a los prófugos y a todos los que se presentan en las puertas de los conventos; participan económicamente en la restauración de las casas destruidas pertenecientes a las familias de sus parroquias; ayudan a los pobres y, a veces, hacen de intermediarios en los casos de secuestro de sus parroquianos.
El hecho de acoger a todos puede causar a los frailes de la Custodia represalias de una u otra facción en lucha. En el mes de diciembre pasado, un convento fue bombardeado y, desde entonces, está desierto.
La muerte del padre François ha sido un duro golpe para todos los frailes. A pesar de todo, los frailes siguen siendo una gran ayuda espiritual para la población a la que sirven. «La guerra tiene en todo y en todas partes un impacto negativo, pero también ha animado a los cristianos de distintas ritos a acercarse unos a otros, a ayudarse recíprocamente y a rezar unidos». En algunos pueblos del Orontes, los franciscanos son los únicos que se han quedado y que celebran los sacramentos para los distintos ritos. Además, organizan momentos de oración, adonde todos acuden.
«Nuestro papel -dice un fraile residente en el Orontes- es el de ser locos de Dios que continúan llevando esperanza a todos aquellos que piensan que no hay futuro, que no hay esperanza ni caridad».
La trágica situación de Siria nos anima a orar para que la guerra cese lo antes posible. Sobre todo, porque el conflicto parece empujar al cercano Líbano a la vuelta a la violencia y debilitar a Jordania, desbordada por la afluencia de los refugiados.
La Custodia hace un llamamiento a la comunidad internacional para encontrar vías de diálogo con las fuerzas militares presentes para que se instaure una tregua y se trabaje en la conciliación de las partes en conflicto. Ninguna de las medidas adoptadas hasta ahora, solo han servido para aumentar la violencia y el número de muertos, ha sido capaz de dar a Siria lo que necesita: crear las condiciones para que la paz pueda volver cuanto antes.
En la fiesta de San Juan Bautista, que preparó los caminos al Señor, que nuestra oración puede aportar ese ánimo que nuestros hermanos en Siria necesitan y preparar esta región a reencontrar el camino de una paz justa y duradera.

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