2012
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La Bienaventurada Virgen María de Guadalupe, imagen viva

Grande ha sido la alegría de celebrar la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe en una fecha realmente excepcional: 12/12/2012, ¡una coincidencia que se repetirá solo ¡dentro de 100 años!
Fray Pierbattista Pizzaballa, custodio de Tierra Santa, ha presidido la misa solemne en lengua española, concelebrada por fray Artemio Vítores, vicario custodial, y el padre Eric Wyckoff. La Hispanoamérica de Jerusalén estaba representada por numerosos frailes, sacerdotes, religiosos y religiosas junto a muchos fieles de las comunidades hispanoamericanas que viven en Tierra Santa.
Durante la homilía, el padre Eric Wyckoff, salesiano de Ratisbonne, ha afirmado que, ante la pregunta de quiénes habrían sido los primeros evangelizadores de la América Latina, surge inmediatamente una simple respuesta, pero profundamente real y al mismo tiempo devota, al afirmar que fue María, la Madre de Jesús, quien llevó el Evangelio a aquellas tierras. La Virgen de Guadalupe es la expresión más elocuente de la fe viva de tantos pueblos que han visto en Ella el instrumento privilegiado por medio del cual Dios nos comunica la salvación, es decir, a su hijo Jesús. En la Virgen de Guadalupe se manifiesta la bondad divina cuando; sirviéndose de su imagen de Madre y protectora, Dios mismo cuida de sus fieles, especialmente de los más pequeños y marginados.

El padre salesiano ha recordado que desde el inicio de la evangelización de los pueblos americanos estuvieron presentes también los padres franciscanos. Con su ejemplo y entusiasmo supieron comunicar la misma fe que hoy se manifiesta en los países católicos donde María, nuestra Madre, es acogida como Señor y Reina de los corazones.

Concluida la santa misa, desde la iglesia de San Salvador salió la procesión, detrás del icono de la Virgen de Guadalupe, hacia la Curia atravesando el patio del convento franciscano. En la gran sala, adornada con los coloridos símbolos de los países latinoamericanos, a la bendición solemne le siguió un agradable momento fraterno durante el que fue posible probar distintos platos típicos de la cocina latinoamericana.

Nuestra Señora de Guadalupe es el título atribuido a María por los católicos americanos tras su aparición, sucedida en Méjico en 1531. Según la tradición, María se apareció varias veces, entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531, sobre la colina del Tepeyac, al norte de la Ciudad de Méjico, a Juan Diego Cuauhtlatoatzin, un azteco convertido al cristianismo. El nombre de Guadalupe, dictado por la misma Virgen a Juan Diego, podría ser la transcripción en español de la expresión azteca Coatlaxopeuh, «Aquella que aplasta a la serpiente» (cfr Génesis 3,14-15). En memoria de la aparición, en el lugar se erigió rápidamente una pequeña capilla, sustituida en 1557 por una más grande y, después, por un auténtico santuario que fue consagrado en 1622. Finalmente, en 1976, fue inaugurada la actual basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

En el santuario se conserva el manto (timatli) de Juan Diego sobre el que está representada la imagen de María, retratada como una joven india. Por su piel morena es llamada por los fieles «Virgen morenita».

La aparición de Guadalupe ha sido reconocida por la Iglesia católica y Juan Diego fue proclamado santo por el papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002. La Virgen de Guadalupe es venerada por los católicos como patrona y Reina del continente hispanoamericano y de las islas Filipinas.

En los últimos 481 años la imagen de la Virgen ha atraído la atención de millones de personas. El santuario, situado en el corazón de la Ciudad de Méjico, es uno de los Santos Lugares cristianos más visitados en todo el mundo, con un número de peregrinos superior al de los que se acercan a la basílica de San Pedro, en Roma.

Durante siglos, artistas y científicos han intentado desvelar los secretos de la imagen, que no ha sido pintada pues no aparecen trazos de pincel alguno. En 1666 algunos expertos afirmaron que un tejido vegetal con esas características no podría durar mucho. ¡Han pasado casi cinco siglos y el tejido sigue intacto!

Las apariciones de la Virgen de Guadalupe, Emperatriz de América, se dirigen a todo el mundo para recordar la cercanía de María a todo ser humano. El mensaje más importante para Méjico, Hispanoamérica y para todos los católicos dispersos por el mundo es el de recordar que no estamos solos, que hay una Madre viva y cercana a todos aquellos que la buscan y la invocan.

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