2012
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Exaltación de la santa Cruz

2012/09/14

En la mañana del 14 de septiembre, los frailes franciscanos, reunidos en San Salvador, se han dirigido a la basílica del Santo Sepulcro, precedidos por dos kawas, con ocasión de la solemne celebración de la santa misa por la fiesta de la Exaltación de la santa Cruz. En la capilla del Gólgota, a pocos metros del santo Sepulcro, se ha celebrado una fiesta esencial en la vida de los cristianos, síntesis de todo el misterio pascual de Jesucristo. La fiesta se remonta al año 335 d.C. y, en años posteriores, a la misma se unió la conmemoración de la recuperación de la Vera Cruz de manos de los persas por parte del emperador Heráclito, el año 628.

La misa, presidida por el vicario custodial, fray Artemio Vítores, ha sido concelebrada por fray Fergus Clarke, guardián del convento del Santo Sepulcro, junto con otros frailes y sacerdotes. En la ceremonia han participado numerosos religiosos, religiosas, fieles locales y peregrinos procedentes de todas partes del mundo. La misa ha estado precedida por cantos en lengua latina. Los celebrantes han ido en procesión hasta el altar con la reliquia de la santa Cruz, acompañados por la antífona: «debemos gloriarnos en la cruz del Señor por medio de la cual hemos sido salvados y liberados».

En su homilía, el padre Artemio ha destacado el valor y actualidad de la cruz: «La cruz es la manifestación del amor de Dios. Dios es amor; en el Gólgota se revela claramente que Dios es amor (1 Jn 4,16). El amor olvida el mal y lo perdona todo. Simplemente, ama».

En otro momento de su homilía, ha puesto a san Francisco como ejemplo: «Para descender del Gólgota al mundo, es necesario volver al mundo partiendo de este Calvario. Francisco, en la pequeña iglesia de San Damián, mientras rezaba arrodillado delante de la imagen del crucifijo, escuchó estas palabras: “Francisco, ve y repara mi iglesia que, como ves, está toda en ruinas”. Se trataba de la Iglesia que Cristo conquistó con su sangre. Y así, como Francisco, armándose con el signo de la cruz, comenzó su misión».

Al finalizar la santa misa, la reliquia de la santa Cruz ha sido llevada en procesión, acompañada por el himno Vexilla Regis, hasta el altar de la aparición del resucitado a María Magdalena. Aquí, los participantes han podido acercarse y besar con devoción el relicario; primero todos los sacerdotes concelebrantes y, a continuación, todos los fieles presentes.

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