2012
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Celebraciones solemnes de la segunda semana de Cuaresma en Jerusalén

Jerusalén. 3-4 de marzo de 2012

Durante el sábado y el domingo de esta segunda semana de Cuaresma, la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén ha vuelto a ser el centro vital de la comunidad cristiana en camino hacia la santa Pascua del Señor. En este Santo Lugar se ha renovado la liturgia cuaresmal semanal que marca el período de penitencia y oración que debe predisponer y preparar el corazón de cada cristiano para vivir con profunda conciencia el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Así, en la tarde del sábado, la comunidad franciscana de la Custodia de Tierra Santa, uniéndose a fray Fergus Clarke, guardián del Santo Sepulcro, y a fray Artemio Vítores, vicario custodial, ha acogido nuevamente a S. E. Mons. William Shomali, obispo auxiliar del patriarca latino de Jerusalén, que ha realizado el ingreso solemne en la basílica, haciendo honores inmediatamente después a la Piedra de la Unción, que recuerda el lugar en el que se colocó el cuerpo del Salvador tras su muerte en la cruz, para ser preparado para la sepultura. Después, Mons. Shomali ha guiado la procesión cotidiana de forma solemne, con el acompañamiento del órgano, en el interior de la basílica, en la que han participado los frailes franciscanos de la comunidad del Santo Sepulcro, muchos otros frailes de la Custodia, numerosos religiosos y religiosas de las congregaciones residentes en Tierra Santa, una representación de la Soberana Orden Militar de Malta, distintos miembros de la comunidad cristiana local de lengua árabe y muchos peregrinos de distinta procedencia, llegados en estos días tan especiales al Sepulcro del Señor y deseosos de tomar parte en las intensas celebraciones que aquí se desarrollan. Partiendo de la Capilla del Santísimo Sacramento, o de la aparición de Jesús resucitado a María, su Madre, la procesión ha recorrido las catorce estaciones que componen su itinerario en el interior de la basílica, acompañando cada parada con unos emotivos momentos de canto y oración. Mientras tanto, el resto de comunidades cristianas comenzaban, de forma sucesiva, los ingresos solemnes en la basílica y sus respectivas celebraciones cuaresmales.

Por la tarde se ha repetido la cita para la vigilia nocturna que, a partir de las 23.30, ha reunido en la Basílica del Santo Sepulcro a los frailes franciscanos de la Custodia junto a algunos miembros del clero local y a un buen número de peregrinos. La liturgia ha estado presidida por el vicario custodial, fray Artemio Vítores, y, tras la primera parte celebrada en la Capilla de la Aparición, llena de gente, con el himno cuaresmal, la recitación de los salmos, el oficio de lecturas y los cánticos del Antiguo Testamento, se ha conmemorado de nuevo la resurrección del Señor con la típica procesión hacia el Santo Sepulcro y en torno al edículo, mientras que fray Artemio portaba el evangeliario y los fieles una vela encendida. Tras haber introducido el evangeliario en el Sepulcro y haber permanecido un breve rato en oración sobre la Tumba vacía de Jesús, fray Artemio, alzando el evangeliario, ha impartido la bendición solemne a los presentes. La vigilia ha continuado después con la vuelta de la asamblea a la Capilla de la Aparición donde se ha leído el evangelio de la resurrección, se ha aclamado solemnemente al Señor resucitado y se han celebrado los ritos de conclusión. Finalmente, fray Artemio ha presidido la celebración de la santa misa en el Calvario en la que ha participado un significativo número de religiosos y fieles terminando así, en profundo recogimiento, esta segunda cita nocturna cuaresmal.

La mañana siguiente, segundo domingo de Cuaresma, a las 8.30, siguiendo la tradición litúrgica latina, la comunidad de fieles se ha vuelto a reunir en torno al altar dedicado a santa María Magdalena, en la basílica del Santo Sepulcro, con ocasión de la santa misa cantada y celebrada solemnemente, precedida de la oración de los laudes. También en esta ocasión, los frailes franciscanos, dejando el convento de San Salvador, han llegado hasta la vecina sede patriarcal y han acompañado en procesión a Mons. William Shomali y a su séquito hasta la basílica para que el prelado pudiera asistir a la celebración dominical, como está previsto por el programa litúrgico. Una asamblea realmente numerosa ha participado, con especial devoción, en esta solemne ceremonia cuaresmal celebrada a pocos pasos del edículo del Sepulcro del Señor. Junto a fray Artemio Vítores, fray Fergus Clarke, fray Silvio de la Fuente, secretario custodial, y a muchos franciscanos de la Custodia, estaban presentes religiosos y religiosas de las muchas congregaciones de Tierra Santa, diversos miembros de la comunidad cristiana local y muchos peregrinos llegados hasta aquí desde los más diversos lugares. La santa misa ha estado presidida por fray Stephane Milovitch, guardián de la Basílica de la Natividad de Belén, mientras que la homilía, pronunciada desde el ambón cercano al altar, ha estado protagonizada por fray Sebastiano Eclimes, guardián del santuario del Dominus Flevit, en la colina del Monte de los Olivos. En su reflexión, fray Sebastiano se ha inspirado particularmente en el texto del evangelio de san Mateo que habla de la transfiguración de Jesús en el Monte Tabor (Mt 17,1-9), propuesto por la liturgia; un episodio en el que a los discípulos se les hace manifiesta la gloria perfecta de Jesucristo, a la que todo hombre está llamado a ser partícipe de la gracia del Creador, poniéndose desde ya en camino para crecer en la vocación humana y acercarse a la perfección, según las capacidades de cada uno. El tiempo cuaresmal nos invita a todos y cada uno, de forma especial, a esta importante misión, a conformarnos cada vez más a Jesús, modelo indicado por el Padre en el bautismo del Jordán y del que ha revelado la gloria perfecta en el Tabor. Con las palabras «Este es mi Hijo predilecto. Escuchadle», Dios Padre exhorta a cada hombre a seguir a Jesús de cerca, a dejar todo para unirse a su propuesta de vida, a acoger sus palabras y a ponerlas en práctica en la vida cotidiana, a convertir el corazón a la caridad, a la misericordia y al perdón. Porque Dios se manifiesta verdaderamente en el amor, en la misericordia y en el perdón y su mensaje es acorde a su naturaleza de amor y de comunión perfecta, lejos de la violencia y de la venganza, a las que tantos hombres se rinden, incluso en nombre de la religión. El desafío al que nos invita más intensamente la Cuaresma es precisamente el de volver a escuchar la voz verdadera del Señor en medio de tantos mensajes falsos, propuestas equivocadas e injusticias manifiestas.

Al finalizar la santa misa, los frailes franciscanos han acompañado de nuevo en procesión a Mons. Shomali y a su séquito por el exterior de la basílica y, a través de las estrechas calles de la Ciudad Vieja de Jerusalén, hasta el Patriarcado latino, a poca distancia de la Puerta de Jaffa.

Texto de Caterina Foppa Pedretti
Fotos de fray Jerzy Kraj y fray Adelmo

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