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2011
custodia.org

El alegre anuncio de los «dos que caminan»: peregrinación a pie desde Jerusalén hasta Belén de los cristianos indios de Israel

Jerusalén-Belén, 10 de diciembre de 2011

La preparación a la Navidad en la tierra de Jesús está llena de experiencias emocionantes y conmovedoras, como la peregrinación a pie desde Jerusalén hasta Belén organizada este sábado, 10 de diciembre, por los indios católicos que viven en Israel, una comunidad muy activa y numerosa que testimonia con entusiasmo y sensibilidad su propia fe cristiana, profundamente agradecidos por el don de vivir en los Santos Lugares. La peregrinación ha congregado a más de 800 participantes, jóvenes y menos jóvenes, familias enteras con sus hijos –incluso con los más pequeños, llevados en brazos por los padres-, procedentes de Jerusalén y de sus alrededores, de Tel Aviv, Herzylia, Nof Yam, Haifa, Nethanya, Petah Tikva y otras localidades. Ha sido una extraordinaria ocasión para reclamar la atención, como se lee en el programa de la iniciativa, sobre el camino, a veces muy largo y duro, que han debido afrontar en estas tierras la Sagrada Familia, los humildes pastores llegados para adorar a Jesús tras su nacimiento y todos los hombres en busca de Dios, que en la encarnación de su Hijo se ha manifestado plenamente al mundo.

Ya desde antes de las 8:30, centenares de personas se han reunido en la plaza que se encuentra ante la Basílica del Santo Sepulcro, portando banderas y carteles con mensajes navideños e invocaciones a la paz para la Tierra Santa. Muchos de los presentes han entrado en la Basílica para pasar un breve momento en oración en el Calvario y en la Piedra de la Unción. Otros, en el exterior, miraban con alegría el inicio de la peregrinación, sacando algunas fotos y disponiendo los últimos detalles para la organización del evento. Poco después ha llegado también fray Jayaseelan Pitchaimuthu, capellán y extraordinario punto de referencia para esta gran comunidad católica india, que ha reunido a todos los participantes en el interior de la Basílica, ante el altar dedicado a santa María Magdalena para celebrar una oración en común antes de comenzar el recorrido a pie. El gran grupo, una vez fuera de la iglesia y organizado en dos filas, ha comenzado la peregrinación de forma alegre, entre cantos y oraciones, a lo largo de las estrechas callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, pasando junto a la iglesia parroquial de San Salvador y dirigiéndose después hacia la sede del Patriarcado Latino, no muy lejos de la Puerta de Jaffa. Llegados al Patriarcado, los participantes en la peregrinación se han detenido en la iglesia llenándola enteramente con sus colores y cantos de fiesta y colocando, a los lados del altar, las banderas vaticana, india y la de la Cruz de Jerusalén. Junto a las enseñas han tomado lugar tres jóvenes indios vestidos de Papá Noel con las barbas postizas y, alrededor de ellos, las mamás con los niños más pequeños. El Patriarca, S.B. Mons. Fuoad Twal, ha aparecido rápidamente y con simplicidad entre los centenares de personas que le esperaban y que le han rodeado para expresarle sus felicitaciones más calurosas para esta Navidad y Año Nuevo. Han adornado las espaldas del Patriarca con una pashmina sedosa y, sobre el altar, se han depositado algunos dulces navideños típicos de la India junto al tradicional pandoro (dulce veronés tradicional). El afecto y el calor con el que esta comunidad de gente humilde y discreta ha rodeado a Mons. Twal en este encuentro han sido realmente conmovedores. «Me congratulo de corazón –ha manifestado el Patriarca, sentado ante las escaleras del altar y rodeado de gente- por esta bellísima iniciativa, por la colaboración que ofrecéis a la vida de la Iglesia local y por la cura pastoral que os distingue. Vuestra comunidad es motivo de gran alegría y satisfacción en el seno de nuestra Iglesia. Con vuestro ejemplo ofrecéis un mensaje de paz y de esperanza a todos aquellos que viven o visitan la Tierra Santa, a los cristianos, a los judíos y a los musulmanes de esta tierra y a los turistas que, en gran número, os acogen. Vosotros sois para todos la imagen de la colaboración y de la comunión fraterna en una tierra que, con frecuencia, viene asociada a imágenes y signos de violencia. Por todo esto, la Tierra Santa necesita de vosotros, del ejemplo y del testimonio que dais a los cristianos, de la contribución de amor que ofrecéis a Jerusalén, la Iglesia Madre, donde tenemos el privilegio de vivir y hacia la que no podemos más que estar profundamente agradecidos. En vuestras oraciones, por tanto, junto a vuestras familias, a vuestros jóvenes y a vuestra patria, recordad siempre la Tierra Santa, su necesidad de paz, sus jóvenes y a los jóvenes de todo el mundo». Después, Mons. Twal ha concluido manifestando a fray Jaya y a toda la comunidad india su más caluroso deseo de una buena preparación para la Navidad en la intimidad de la amistad con Jesús, en el propio corazón y en el calor de la propia comunidad.

Una vez terminado el encuentro con el Patriarca, el largo y ordenado cortejo ha retomado su camino a través de la Puerta de Jaffa y después, fuera de los muros, a lo largo de la amplia calzada que une Jerusalén con Belén. A la cabeza del grupo, siempre atento y disponible para todas las necesidades, caminaba seguro fray Jaya y, a su lado, fray Felix John, también él franciscano de la Custodia de Tierra Santa. Abrían el camino, delante de todos, los jóvenes con la vestimenta de Papá Noel. Detrás, una nube de banderas, carteles, globos de colores, mujeres que cantaban y rezaban, con los cabellos negros y relucientes y los recién nacidos en sus brazos. Un cortejo largo y compacto, armonioso y emocionante que todos, a lo largo del camino, se paraban al menos un instante para contemplar.

Llegados a los alrededores del monasterio greco-ortodoxo de Mar Elías, no muy lejos de Belén, el grupo de peregrinos se ha detenido para hacer un breve descanso, beber un café caliente y comer algunas galletas preparadas con gran cariño por algunos amigos que esperaban anticipadamente en aquel lugar. De nuevo en marcha con gran entusiasmo, el largo cortejo, enriquecido todavía a lo largo del camino por nuevas presencias, ha atravesado el muro de separación entre Israel y los Territorios Palestinos, encontrándose con la amabilidad de los soldados israelíes y la simpatía, un poco sorprendida, de los palestinos de Belén en espera, a su vez, de atravesar el muro en sentido contrario. Todavía caminando y cantando a lo largo de las calles de Belén, los peregrinos han llegado finalmente a la gran plaza que se encuentra ante la Basílica de la Natividad y aquí, en la iglesia franciscana de Santa Catalina, han podido celebrar la misa, en lengua hindi, presidida por fray Jaya y concelebrada por fray Felix John. La celebración, animada por el coro de la comunidad india, se ha desarrollado en una iglesia completamente llena, como ocurre en las ocasiones más solemnes, y en un clima de familiaridad y de intensa participación en el que también han tomado parte los niños más pequeños, rodeando a fray Jaya en el altar con su vivacidad y espontaneidad.

La Navidad es la fiesta de un Dios que se hace cercano, tan cercano que se hace uno de nosotros, que se manifiesta pequeño como un niño, entre gente humilde, entre gestos simples, entre relaciones auténticas. Y en estas relaciones auténticas, de comunión y solidaridad, Dios se revela plenamente y cada uno enriquece a los demás con su relación personal con Dios. Y entonces se podrá decir, como las almas benditas de Dante: «He aquí quien hará crecer nuestro amor», porque en el compartir, el amor y la Verdad florecen. «Allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Y en el caminar juntos, al concretar el ideal de la convivencia dirigido a todos y simbolizado precisamente por los dos que van juntos, entonces realmente los hombres «dan testimonio de Aquel que va junto a ellos, de Aquel que es fundamento de la reconciliación de todos los hombres así como de la reconciliación de quien su propio ser da prueba. El anuncio exige por sí mismo ser llevado por el sujeto comunional de la iglesia, hecho visible por la amistad de los «dos que caminan».

Texto de Caterina Foppa Pedretti
Fotos de Marco Gavasso

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